Los Trabajadores de Mataderos

La matanza de animales y el procesamiento de su carne son una industria intrínsecamente peligrosa, y una en la que las ganancias de la compañía sistemáticamente cobran prioridad sobre los derechos más fundamentales de los trabajadores. En la actualidad, los mataderos y las plantas procesadoras de carne de los Estados Unidos emplean a más de 500,000 trabajadores.[1] En su afán constante por aumentar la producción y maximizar la eficiencia, estas empresas, a sabiendas, ponen en riesgo la seguridad de los trabajadores todos los días. Las agencias federales y estatales a cargo de garantizar que los trabajadores dispongan de un ambiente laboral seguro y saludable, han sido incapaces durante décadas de hacer que se cumplan las leyes laborales básicas que protegen a estos trabajadores. La consecuencia de lo anterior es que son las compañías las dictan las reglas que sigue la industria y las agencias gubernamentales las cumplen. Por consiguiente, los derechos e intereses más básicos de los trabajadores están en riesgo y los animales sufren enormemente.

¿Quiénes son estos trabajadores?

Al igual que en otros sectores de la industria agropecuaria, los trabajadores de los mataderos y de las plantas procesadoras de carne son principalmente personas provenientes de grupos minoritarios que viven en comunidades de bajos ingresos. Un porcentaje significativo de esta fuerza laboral ha estado constituida históricamente por afroamericanos. En décadas recientes se ha observado un influjo de trabajadores latinoamericanos en todo el país, debido en parte a que las compañías han estado contratando activamente. En la actualidad, cerca del 38% de los obreros que trabajan en los mataderos y en las plantas procesadoras de carne nació fuera de los Estados Unidos. [2]

Un porcentaje desconocido de trabajadores no tiene documentos migratorios. Debido a que la rotación laboral en esta industria es sumamente alta y sobrepasa a menudo el 100% anual, muchos empleadores contratan a trabajadores indocumentados a sabiendas con el fin de mantener la plantilla.[3] En algunos casos, los empleadores recurren a ofrecer incentivos a sus trabajadores actuales para que recluten a familiares o amigos, e incluso ayudan a los nuevos trabajadores a crear tarjetas del seguro social falsas. Los trabajadores indocumentados enfrentan contantemente la amenaza de sufrir deportación, ya sea de parte de sus empleadores o causa de las redadas federales.

La mayoría de los trabajadores son empleados “a voluntad”, lo cual significa que pueden ser despedidos fácilmente a discreción de un supervisor. Ante el riesgo de ser despedidos, los trabajadores prefieren no denunciar incidentes de seguridad, lesiones u otros problemas graves. Los supervisores recurren a distintas tácticas de intimidación para impedir que los trabajadores manifiesten sus inquietudes y dejan en claro que siempre hay otras personas para remplazarlos. En consecuencia, los trabajadores se ven obligados a aceptar condiciones de trabajo peligrosas y denigrantes si desean conservar sus puestos.

El tipo de trabajo

A pesar de que los mataderos y las plantas procesadoras de carne están sumamente mecanizados, en varias etapas de la producción se necesita trabajo manual. Los trabajadores reciben capacitación para encargarse de una parte específica del proceso. Así, por ejemplo, algunos trabajadores matan y desangran a los animales mientras que otros realizan una serie de cortes para separar la grasa, el músculo y el hueso.

Los trabajadores están muy conscientes del peligro involucrado en la labor que realizan. Cuando se combinan herramientas filosas y maquinaria automatizada en un ambiente de trabajo acelerado y abarrotado, es inevitable que ocurran lesiones.

Riesgos para la salud y la seguridad

En los Estados Unidos y a nivel internacional existe un cuerpo de leyes diseñado para garantizar que los trabajadores dispongan de un ambiente laboral seguro y saludable, y carente de peligros conocidos. Sin embargo, los trabajadores de los mataderos y de las plantas procesadoras de carne laboran cada día bajo condiciones en las que existen riesgos predecibles a pesar de que los empleadores están al tanto de alternativas más seguras. En consecuencia, muchas de las lesiones y muertes que sufren los trabajadores podrían prevenirse.

slaughterhouse_workers_small1Velocidad de la línea

El factor individual más importante que contribuye a las lesiones que sufren los trabajadores es la velocidad a la que se mata y procesa a los animales. En una industria en la que los márgenes de ganancia son escasos y el volumen lo es todo, los trabajadores están sometidos a una presión constante para que maten más animales en menor cantidad de tiempo. En lugar de regular las velocidades de la línea en función de la seguridad del trabajador, las leyes federales se ocupan solo de los aspectos sanitarios de esta.[4]

La mayoría de las instalaciones funciona casi 24 horas al día los siete días de la semana, durante los cuales se mata y procesa a miles de animales cada hora. Tal como lo expresó un trabajador: La línea se mueve tan rápido que no hay tiempo de afilar el cuchillo. El cuchillo se desafila y tienes que hacer más esfuerzo para cortar. Es ahí cuando realmente te empieza a doler y cuando te cortas a ti mismo.[5]

Otros tipos de industrias manufactureras se enorgullecen enormemente de garantizar que sus trabajadores tengan condiciones laborales seguras, e incluso los autorizan a apagar la maquinaria si estos consideran que las condiciones son potencialmente peligrosas. A los trabajadores de los mataderos y de las plantas procesadoras de carne les infunden un sentimiento totalmente contrario. Incluso si saben que las condiciones de trabajo son extremadamente inseguras, siguen trabajando por temor a las reprimendas de sus supervisores.

Largas jornadas laborales y esfuerzo repetitivo

La combinación de largas jornadas laborales y esfuerzo repetitivo llevan directamente a un aumento en el riesgo de sufrir lesiones.[6] Los trabajadores sufren de dolor crónico en sus manos, muñecas, brazos, hombros y espalda. [4] Las lesiones debidas al esfuerzo repetitivo son inevitables en las frenéticas condiciones de trabajo bajo las que la mayoría de estas instalaciones decide operar.

Trabajar una jornada de ocho horas en este tipo de ambiente es agotador física y mentalmente. La situación se vuelve mucho más peligrosa cuando se obliga a los trabajadores a trabajar horas extra. Según uno de los empleados: “La última hora de una jornada regular es difícil. Estás cansado y te es difícil concentrarte. Luego te dicen que trabajes dos horas extra. Allí es cuando se vuelve verdaderamente peligroso“.[7]

No todas las lesiones se denuncian

Por diversas razones muchas de las lesiones no se denuncian en la industria del procesamiento de carne. En general, los trabajadores temen denunciar las lesiones por miedo a perder sus trabajos. Además, muchas compañías les pagan a sus supervisores un bono anual por minimizar el número de demandas de compensación laboral en sus instalaciones. En una planta que Food Empowerment Project visitó, había un cartel en el salón de descanso que decía: “0 lesiones denunciadas = BBQ a fin de mes“.

En años recientes esta industria ha hecho alarde de haber logrado reducciones drásticas en las lesiones sufridas por los trabajadores. Lo que no ha informado es que el formulario para lesiones de OSHA se modificó recientemente para omitir la categoría de esfuerzo repetitivo, que representa la lesión más común en esta industria.

La mentalidad empresarial se hace evidente en la siguiente afirmación de un trabajador: La compañía fue multada una vez por incumplir las normas de seguridad y el gerente nos dijo: “Sean más cuidadosos o tendremos que pagar más multas” en vez de ser más cuidadosos porque podrían lesionarse.[8]

Libertad de asociación

Los avances en la automatización que se han logrado en las últimas décadas han transformado a la industria y en gran medida han eliminado la necesidad de trabajadores altamente calificados. Como resultado de lo anterior, esta industria ha optado por abandonar los sindicatos en favor de una fuerza laboral más “prescindible”. Para los trabajadores, consecuentemente, es cada vez más difícil ejercer su derecho a organizarse. Según el informe de un estudio muy completo realizado por Human Rights Watch: “Muchos trabajadores que intentan sindicalizarse y negociar colectivamente son víctimas de espionaje, acoso, presión, amenazas, suspensión laboral, despido, deportación u otras formas de represión por ejercer su derecho a la libertad de asociación“.[4]

Cuando las compañías se enteran de que sus trabajadores se interesan en organizarse, a menudo organizan reuniones de asistencia obligatoria en horario laboral en las que se adoctrina a los empleados sobre las razones por las que los sindicatos no son la solución a sus inquietudes. Los empleados que falten a estas reuniones quedan sujetos a despido.[4]

Tanto las compañías cuyos trabajadores están sindicalizados como aquellas en las que no, deberían esforzarse por proteger a los trabajadores de los peligros conocidos, pagarles salarios justos y tratarlos con respeto. Además, las compañías cuyos trabajadores no están sindicalizados jamás deberían negarles a sus trabajadores el derecho a organizarse y a ejercer la libertad de asociación.

Calidad de Vida

Al igual que les sucede a los demás trabajadores de la industria agropecuaria, los trabajadores de los mataderos y de las plantas procesadoras de carne luchan por mantenerse sobre la línea de pobreza y por ofrecer a sus familias una calidad de vida digna. Los trabajadores laboran largas jornadas en algunas de las condiciones laborales más peligrosas del país a cambio de salarios relativamente bajos. Muchas de las trabajadoras también enfrentan situaciones de acoso sexual perpetrado por sus compañeros de trabajo y los supervisores.

slaughterhouse_workers_small2La mayoría de los trabajadores padece de dolor constante debido a las largas jornadas y a lo repetitivo de su trabajo Se sienten irrespetados y poco valorados ya que sus supervisores no demoran en recordarles que son fácilmente reemplazables. En el caso de los trabajadores indocumentados, la amenaza constante de deportación es un factor más de estrés y ansiedad.

Las lesiones que sufren los trabajadores debido al esfuerzo repetitivo también afectan sus vidas fuera de su entorno laboral. El tener que vivir con dolores y malestares crónicos afecta todos los aspectos de la vida de una persona. Las lesiones sufridas en el trabajo inhiben el disfrute de algunas actividades que normalmente son fuente de felicidad para una persona, como es el jugar con sus niños.

Aparte de los dolores físicos crónicos que sufren los trabajadores, los sicólogos se muestran cada vez más interesados en explorar los efectos sicológicos de trabajar en un matadero.[9] Los trabajadores a cargo de matar a los animales presencian constantemente cómo se los corta y desmiembra mientras aún están consientes, o cómo se los despelleja o hierve aún en vida. Hora tras hora, día tras días, estos trabajadores interactúan con incontables animales en distintos estados de temor y dolor.

Un antiguo gerente del piso de matanza relató lo siguiente: “Lo peor de todo, peor que el peligro físico, es la carga emocional. . . . Algunos cerdos que han llegado al piso de matanza se han acercado a mí y me han acariciado con sus hocicos como si fueran perritos. Dos minutos después tengo que matarlos; golpearlos con un tubo hasta que mueran. No puede importarme”.[9]

Nuestra responsabilidad

La situación actual de la industria procesadora de carne es el resultado directo de la codicia empresarial sumada a la absoluta incapacidad de las agencias reguladoras estatales y federales para proteger a los trabajadores.

Según OSHA: “Todos los empleadores deberán ofrecer trabajo a cada uno de sus empleados en un espacio laboral que carezca de peligros conocidos que estén causando o pudieran causar la muerte o daños físicos serios“.[10]

Sin embargo, en esta industria privan de ordinario los intereses empresariales sobre la seguridad de los trabajadores. Al permitirle a la industria procesadora de carne que opere como si estuviera exenta de cumplir con las normas laborales federales, OSHA muestra su incapacidad de convertir esas palabras en acciones.

Food Empowerment Project recientemente entrevistó a trabajadores de una planta procesadora de carne local en un esfuerzo por obtener información directa sobre las situaciones que enfrentan. Los trabajadores repitieron muchas de las mismas inquietudes mencionadas en los párrafos anteriores, y confirmaron que las condiciones de inseguridad laboral se deben principalmente a la velocidad de línea. Varios trabajadores también manifestaron su inquietud en cuanto a que la alta velocidad de la línea pone directamente en riesgo la calidad del alimento y exponerlo a contaminación. Los trabajadores se mostraron renuentes a comunicar estas inquietudes a sus supervisores por temor a ser degradados o sufrir despido.

Los trabajadores de las plantas procesadoras de carne son expuestos deliberadamente a serios riesgos para su seguridad todos los días. Muchas de las lesiones y muertes que los trabajadores sufren en la actualidad son semejantes a las que Upton Sinclair denunció públicamente en su novela La Jungla de 1906. En los años que han pasado desde entonces, esta industria ha operado sistemáticamente con una de las mayores tasas de lesiones laborales del país. Esto se debe en gran medida al hecho de que las agencias estatales y federales han sido incapaces de promulgar y hacer cumplir leyes laborales que prevengan los peligros conocidos en el lugar de trabajo.

Los mataderos y las plantas procesadoras de carne representan sufrimiento y muerte para los animales y explotación para los trabajadores. Por fortuna, podemos elegir negarle nuestro apoyo a este ciclo de explotación y sufrimiento con tan solo adoptar un estilo de vida vegano.

Food Empowerment Project quisiera agradecerle a UFCW, United Food and Commercial Workers International Union, por el apoyo brindado.

Referencias:

[1] Kandel, William. “Recent Trends in Rural-based Meat Processing.” Economic Research Service, U.S. Department of Agriculture citing Bureau of Labor statistics. https://migrationfiles.ucdavis.edu/uploads/cf/files/2009-may/kandel.pdf (9/6/17)

[2] Engdahl, W.F. “Bird Flu and Chicken Factory Farms: Profit Bonanza for US Agribusiness.” Global Research. 2005. http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=1333 (6/13/10)

[3] “Workplace Safety and Health: Safety in the Meat and Poultry Industry, while Improving, Could Be Further Strengthened.” A report by the Government Accountability Office. 2005.http://www.gao.gov/new.items/d0596.pdf (7/1/10)

[4] “Blood, Sweat and Fear: Workers’ Rights in U.S. Meat and Poultry Plants.” A Human Rights Watch report. 2004. http://www.hrw.org/reports/2005/usa0105/ (6/2/10)

[5] “Blood, Sweat and Fear: Workers’ Rights in U.S. Meat and Poultry Plants.” A Human Rights Watch report. 2004. Interview with Nebraska Beef Meatpacking line worker, Omaha, Nebraska, December 2003 http://www.hrw.org/reports/2005/usa0105/ (6/2/10)

[6] “Workplace Safety and Health: Safety in the Meat and Poultry Industry, while Improving, Could Be Further Strengthened.” US Government Accountability Office. http://www.gao.gov/new.items/d0596.pdf (4/12/13)

[7] “Blood, Sweat and Fear: Workers’ Rights in U.S. Meat and Poultry Plants.” A Human Rights Watch report. 2004. Interview in Northwest Arkansas, August 15, 2003.http://www.hrw.org/reports/2005/usa0105/ (6/2/10)

[8] “Blood, Sweat and Fear: Workers’ Rights in U.S. Meat and Poultry Plants.” A Human Rights Watch report. 2004. Interview in Omaha, Nebraska, July 15, 2003.http://www.hrw.org/reports/2005/usa0105/ (6/2/10)

[9] Dillard, Jennifer. “A Slaughterhouse Nightmare: Psychological Harm Suffered by Slaughterhouse Employees and the Possibility of Redress through Legal Reform.” Georgetown Journal on Poverty Law & Policy, Forthcoming. http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1016401 (7/5/10)

[10] “SEC. 5. Duties.” U.S. Department of Labor (DOL) – Occupational Safety and Health Administration (OSHA) http://www.osha.gov/pls/oshaweb/owadisp.show_document?p_id=3359&p_table=OSHACT (6/20/10)

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