Los trabajadores agrícolas

Más de tres millones de personas trabajan todos los años en la gran variedad de campos agrícolas que existen en los Estados Unidos.[1] A pesar del papel fundamental que estos trabajadores desempeñan en el sistema alimentario de la nación, muchos de estos hombres, mujeres e incluso niños trabajan todos los días bajo condiciones poco seguras a cambio de salarios que están por debajo del nivel nacional de pobreza. Esta injusticia surge del hecho de que muchos de los productores agrícolas se interesan más en maximizar las ganancias a costa de la salud, la seguridad y la calidad de vida de sus empleados. Además, las leyes laborales que se promulgaron en los Estados Unidos para proteger a los trabajadores agrícolas se redactaron de forma deficiente y casi no se hacen cumplir, lo cual hace posible que los empleadores exploten a sus trabajadores con poco o ningún temor de sufrir el peso de la ley.

Los trabajadores

La gran mayoría de los trabajadores agrícolas son personas pertenecientes a grupos minoritarios que viven en comunidades rurales de bajos ingresos. Cerca del 75% de los trabajadores agrícolas nació en México y adquirió la ciudadanía estadounidense o está inscrito en el programa H-2A de visas para trabajadores temporales o permanece indocumentado.[2] Aunque se desconoce el número exacto de trabajadores indocumentados, los expertos coinciden en que estos representan un porcentaje muy alto del total de la fuerza laboral.

Muchos de los trabajadores son reclutados directamente por contratistas, quienes les prometen buenos trabajos y una mejor calidad de vida. Estos contratistas cobran a los trabajadores una tarifa de reclutamiento muy alta, por lo cual estos quedan endeudados antes de haber comenzado a trabajar. Para muchos trabajadores, esta tarifa de reclutamiento puede costarles los ahorros de toda su vida o más. Movidos por la necesidad de aportar el sustento económico a sus familias, estos trabajadores pagan la tarifa y aceptan las condiciones laborales.

Al llegar a su sitio de trabajo, los trabajadores a menudo hallan que esas condiciones laborales no son las prometidas. Salarios inferiores y plazos de trabajo más cortos de lo acordado son dos de las diferencias más comunes que los trabajadores encuentran entre el contrato que firmaron y el trabajo que se les ofrece. Al margen de si tales diferencias fueron intencionales o no, tanto el productor agrícola como el contratista logran evadir con éxito su responsabilidad legal al culparse mutuamente.

La realidad de esta situación es que algunos contratistas operan al margen de la ley al pagar a los trabajadores salarios por debajo del mínimo legal y en efectivo.

Los trabajadores que denuncian a sus empleadores pueden enfrentar amenazas ilegales de reducción de su salario, la retención de su pasaporte, su inclusión en listas negras, el abuso verbal y físico o la deportación cuando se trata de trabajadores indocumentados.[3] Ya sea por la falta de leyes laborales o porque estas no se aplican con todo su peso, las agencias laborales estatales y federales son a menudo incapaces de proteger a los trabajadores agrícolas de tales injusticias.

El tipo de trabajo

produce_workers1La agricultura es una actividad que depende en gran medida del trabajo manual y demanda un gran esfuerzo físico. Para podar plantas, cosechar y empacar los cultivos, es necesario inclinarse y extender los brazos durante largas horas. En promedio, una jornada laboral puede extenderse de ocho a 15 horas, según sean las condiciones establecidas por el productor agrícola o el contratista.

La temporada de cosecha para cada cultivo está determinada por la estación y por la ubicación geográfica de las plantaciones. Por lo tanto, muchos de estos son trabajadores migrantes que se desplazan de una región a otra siguiendo las cosechas estacionales. Sin embargo, los trabajadores indocumentados enfrentan gran dificultad para desplazarse debido a las constantes amenazas de deportación.

En el presente, los trabajadores se enfrentan a muchas de las mismas preocupaciones que aquejaban a las previas generaciones de trabajadores agrícolas. Los sindicatos (Unions), a pesar de sus problemas, pueden ofrecer una mayor seguridad laboral y posiblemente otros beneficios. Sin embargo, la industria ha logrado suprimir en gran medida los esfuerzos de los trabajadores para organizarse y negociar de forma colectiva.

Riesgos para la salud y la seguridad

Según el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH, por sus siglas en inglés), la agricultura se ubica regularmente entre las actividades productivas más peligrosas en los Estados Unidos.[4] Los trabajadores agrícolas sufren índices cada vez mayores de enfermedades respiratorias, pérdida de la audición causada por el ruido, trastornos de la piel, ciertos cánceres, la exposición a productos químicos tóxicos y enfermedades relacionadas con el calor.[5] Existen pocas normas eficaces que protejan a los trabadores de tales peligros. Hace falta personal para hacer cumplir la mayoría de las leyes vigentes o las sanciones que estas establecen son insignificantes. En muchos casos, los trabajadores temen denunciar las violaciones a las normas sobre salud y seguridad debido a la amenaza de perder sus trabajos, o a ser deportados, si se trata de trabajadores indocumentados.

La exposición al calor

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Uno de los peligros más comunes a los que se enfrentan los trabajadores agrícolas es la exposición prolongada al calor. En muchas partes del país, los periodos de mayor cosecha coinciden con las temporadas en las que se presentan las condiciones climáticas más extremas de la región. No es inusual que hombres, mujeres y niños trabajen durante horas a temperaturas que superan los 90 o 100 grados Fahrenheit (32°-37°C).

Bajo estas condiciones es esencial tener acceso al agua potable y a la sombra a fin de evitar los posibles efectos fatales de la insolación. Sin embargo, con la excepción de California, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, por sus siglas en inglés) no ha puesto en práctica ninguna norma específica con respecto a la prevención de la insolación.[6]

El programa de prevención de la insolación de California debe aun demostrar su eficacia. Desde los comienzos del programa en 2005, al menos 11 trabajadores agrícolas han muerto por insolación.[7] Además, cerca del 40% de las plantaciones inspeccionadas en 2009 infringía la nueva normativa estatal.[7]

Una de las víctimas más recientes fue María Isabel Vásquez Jiménez con 17 años de edad. María trabajaba en un viñedo en Stockton, California, en el que podaba las viñas y cosechaba el fruto. Falleció de insolación después de haber trabajado un turno de nueve horas con un calor de 95°F (35°C). María tenía dos meses de embarazo al momento de fallecer. Dos años antes de su muerte, Cal-OSHA había multado al empleador de María, Merced Farm Labor, por no proveer suficiente agua potable durante las jornadas laborales.[8]

Los agroquímicos

Un aspecto igualmente preocupante es el hecho de que los trabajadores agrícolas están expuestos de forma regular a una gran cantidad de productos agroquímicos tóxicos. El número de trabajadores agrícolas a quienes se les diagnostica envenenamiento por ‘pesticidas” en los Estados Unidos oscila entre los 10 000 y los 20 000 todos los años.[1] La exposición prolongada a los agroquímicos se asocia con graves consecuencias sobre la salud, como el cáncer, los trastornos neurológicos, entre ellos el mal de Parkinson y el Alzheimer, así como infertilidad y otras complicaciones en la función reproductiva.[9,10,11,12]

Ya sea por falta de recursos o por la presión que ejercen los fabricantes de agroquímicos, las agencias federales siguen permitiendo el uso de dichos productos con la consiguiente exposición de los trabajadores a graves y bien conocidos riesgos sobre su salud.

El trabajo infantil

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) consideran a la industria agricultura como la más peligrosa para los jóvenes.[13] A pesar de ello, las leyes vigentes en los Estados Unidos permiten que niños con tan solo 12 años de edad trabajen en los campos agrícolas.[14] Estos niños tienen una probabilidad cuatro veces mayor de sufrir lesiones laborales que los jóvenes que trabajan en otras actividades productivas.[13]

Quienes luchan contra el trabajo infantil señalan que es común encontrar niños menores de 12 años trabajando en los campos agrícolas. En una investigación reciente realizada en Michigan se encontró a niños de tan solo cinco años de edad trabajando en la cosecha de arándanos en plantaciones de la empresa Adkin Blue Ribbon Company, un antiguo proveedor de Wal-Mart.[15]

Es lamentable que cuando los noticieros hacen reportajes sobre el trabajo infantil, muchas veces nunca llegan a analizar las causas reales del problema. Los niños que trabajan en los campos agrícolas lo hacen por necesidad ya que a sus padres no les pagan lo suficiente para vivir.

Calidad de Vida

La mayoría de los trabajadores agrícolas tienen una calidad de vida sumamente baja. Aunque trabaja un promedio de 42 horas a la semana, el 36% de las familias recibe ingresos combinados inferiores al nivel nacional de pobreza.[2] Además, solo entre el ocho y el 12 por ciento de los trabajadores tiene seguro de cobertura médica ofrecido por el empleador.[2]

Las mujeres trabajadoras sufren una discriminación sexual institucionalizada y acoso sexual. Muchos empleadores no cuentan con reglamentos que disuadan a los supervisores y a otros empleados de incurrir en actos de acoso sexual. Las mujeres que han sido víctimas de estos actos se resignan a vivir bajo esas condiciones degradantes por temor a perder sus trabajos.

Tras una larga jornada, la mayoría de los trabajadores agrícolas regresa a viviendas deterioradas, insalubres y a menudo inseguras para vivir. Deben esforzarse mucho para conseguir los alimentos con que alimentarse adecuadamente a sí mismos y a sus familias. En muchos casos estos trabajadores no pueden permitirse pagar el precio de los alimentos que ellos mismos produjeron con su trabajo. Al considerar que, en promedio, los trabajadores agrícolas tienen un nivel de escolaridad de sexto grado, los hijos de estos trabajadores tienen poca esperanza de llegar a la universidad o incluso de terminar la educación secundaria.[16] La gran mayoría de estas familias jamás tendrá la oportunidad de romper este ciclo de pobreza.

La esperanza de un futuro mejor 

produce_workers3En medio de una actividad productiva que está dominada por la codicia empresarial e insuficientes mecanismos de protección para los trabajadores, existen algunas empresas agrícolas que tratan a sus trabajadores con respeto y les pagan un salario justo. Estas empresas respetan a los trabajadores no solo por la labor que realizan sino también como a valiosos miembros de la comunidad. Conforme los consumidores se hacen cada vez más concientes de la difícil situación que viven los trabajadores agrícolas, surge la esperanza de que cada vez más empresas agrícolas respondan a las demandas de los consumidores y que tratarán a sus trabajadores con la dignidad y el respeto que estos merecen.

Food Empowerment Project (F.E.P., por sus siglas en inglés) tiene la esperanza de que aumente el número de empresas que emprendan acciones a favor de los trabajadores agrícolas, y se alegra mucho de la existencia de un número cada vez mayor de programas dedicados a capacitar a estos trabajadores para convertirse en empresarios agrícolas. Muchos de esos trabajadores son agricultores de primera o segunda generación nacidos en los Estados Unidos y México. Estos programas complementan los conocimientos y habilidades que ya tienen y, dando énfasis a una agricultura orientada a la comunidad, les enseña los principios de la producción orgánica y la administración de negocios. Tras completar el programa, se les ofrece la posibilidad de arrendar terrenos comunales de la organización y a vender sus productos en los mercados del agricultor de la zona.

Estos programas de capacitación dan a los trabajadores la oportunidad de mejorar su calidad de vida. Cuando se capacita a los trabajadores para convertirse en agricultores, estos ya no dependen de empleadores que ponen en riesgo su salud y seguridad y les pagan salarios de miseria. Aunque estos programas solo pueden acoger a un número pequeño de trabajadores cada año, representan un paso importante en la dirección correcta. Sigue haciendo falta, y con gran urgencia, una reforma federal integral que brinde a los trabajadores agrícolas protección contra los riesgos conocidos a la seguridad y promueva la igualdad en el lugar de trabajo.

Nuestra responsabilidad

Los hombres y las mujeres que trabajan a diario en los campos agrícolas merecen el mismo respeto y calidad de vida que otros esforzados trabajadores. Como consumidores, estamos en capacidad de ayudarles a mejorar sus vidas con cada compra que hagamos. Ante la falta de normas oficiales para identificar en las etiquetas a aquellos productos agrícolas producidos responsablemente, debemos ser proactivos y comprar artículos producidos por empresas agrícolas éticas. Estas empresas ofrecen un ambiente de trabajo seguro y saludable, no utilizan mano de obra infantil y pagan a sus trabajadores salarios justos. Además, al comprar alimentos orgánicos cada vez que sea posible, se contribuye a reducir el número de trabajadores agrícolas expuestos a productos agroquímicos peligrosos.

Food Empowerment Project anima a seguir un estilo de vida vegano fundamentado en la compasión y el respeto hacia todas las formas de vida. Es vital que nuestra compasión y respeto se extiendan no solamente a los animales que sufren un terrible maltrato sino también a los trabajadores que producen las frutas y verduras que nos nutren. Como consumidores, podemos promover la justicia social y la igualdad al respaldar a las empresas agrícolas que valoran y respetan a sus trabajadores.

Food Empowerment Project quisiera agradecerles a CATA, al Comité de Apoyo a los Trabajadores Agrícolas y al abogado Michael Smith por su apoyo y por el tiempo que dedicaron a revisar esta sección.

Referencias:

[1] “A Story of Impact: NIOSH Pesticide Poisoning Monitoring Program Protects Farmworkers.” Centers for Disease Control (CDC). Retrieved 3/3/2013 from http://www.cdc.gov/niosh/docs/2012-108/pdfs/2012-108.pdf

[2] “Findings from the National Agricultural Workers Survey (NAWS)

2001-2002 ; A Demographic and Employment Profile of United States Farm Workers.” U.S. Department of Labor (DOL).

http://www.doleta.gov/agworker/report9/naws_rpt9.pdf (6/13/10)

3] “Help Wanted: Hiring, Human Trafficking and Modern-Day Slavery in the Global Economy.”

A Verité Research and Advocacy Initiative. 2010. Retrieved 3/3/2013 from http://digitalcommons.ilr.cornell.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=2135&context=globaldocs

[4] “NIOSH Safety and Health Topic: Agriculture.” National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH). 2009.

http://www.cdc.gov/niosh/topics/agriculture/ (4/4/10)

[5] “Youth in Agriculture.” U.S. Department of Labor (DOL) – Occupational Safety and Health Administration (OSHA).

http://www.osha.gov/SLTC/youth/agriculture/workers.html (5/3/10)

[6] “Acceptable Methods to Reduce Heat Stress Hazards in the Workplace.” U.S. Department of Labor (DOL) – Occupational Safety and Health Administration (OSHA).

http://www.osha.gov/pls/oshaweb/owadisp.show_document?p_table=INTERPRETATIONS&p_id=24008 (5/5/10)

[7] “Landmark Lawsuit Accuses State of Failing to Protect Farm Workers from Heat-Related Death and Illness.” United Farm Workers (UFW). http://ufw.org/Landmark-Lawsuit-Accuses-State-of-Failing-to-Protect-Farm-Workers-from-Heat-Related-Death-and-Illness/

[8] Marsh, Michael I. and Johnson, Dorothy A. “A Real Heat Shield for Farmworkers.” Los Angeles Times. 2008.

http://articles.latimes.com/2008/aug/02/opinion/oe-marsh2 (6/13/10)

[9] Alavanja MC, Hoppin HA, Kamel F. “Health Effects of Chronic Pesticide Exposure: Cancer and Neurotoxicity.” 2004. Ann Rev Pub Hlth 25: 155-197.

http://arjournals.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev.publhealth.25.101802.123020(6/13/10)

[10] Garcia, AM. “Pesticide Exposure and Women’s Health.” 2003. Am J Ind Med 44: 584-594.http://www3.interscience.wiley.com/cgi-bin/abstract/106564991/ABSTRACT

[11] Ascherio A, Chen H, Weisskopf, MG, O’Reilly E, McCullough ML, Calle EE, Schwarzschild MA and Thun MJ. “Pesticide Exposure and Risk for Parkinson’s Disease.” 2006. Ann Neurol 60: 197 – 203.

http://www3.interscience.wiley.com/journal/112660877/abstract (6/14/10)

[12] Hayden KM, Norton MC, Darcey D, Ostbye T, Zandi PP, Breitner JC, Welsh-Bohmer KA; Cache County Study Investigators. “Occupational Exposure to Pesticides Increases the Risk of Incident AD: the Cache County study.” 2010. Neurology 74(19):1524-30.

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20458069 (6/14/10)

[13] BLS [2000]. “Report on the Youth Labor Force.” Washington, DC: U.S. Department of Labor, Bureau of Labor Statistics, pp. 58-67.

http://www.bls.gov/opub/rylf/pdf/rylf2000.pdf (6/14/10)

[14] “Fact Sheet #40: Federal Youth Employment Laws in Farm Jobs.” U.S. Department of Labor (DOL).

http://www.dol.gov/whd/regs/compliance/whdfs40.htm (4/18/10)

[15] Patel A, Hill A, Eslocker A and Ross B. “The Blueberry Children.” ABC News Investigation. 2009.

http://abcnews.go.com/Blotter/young-children-working-blueberry-fields-walmart-severs-ties/story?id=8951044 (4/26/10)

[16] “Findings from the National Agricultural Workers Survey: A Demographic and Employment Profile of United States Farmworkers.” U.S. Department of Labor (DOL) –

Office of the Assistant Secretary for Policy Office of Program Economics. 2000.http://www.doleta.gov/agworker/report_8.pdf (7/7/10)

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