Los Pavos

Los pavos silvestres han sido objeto de admiración durante mucho tiempo a causa de su extraordinaria belleza y su encantador temperamento. Recorren los bosques y praderas donde habitan en busca de alimentos, cobijo y compañeros, siempre movidos por una curiosidad inquebrantable. Cuando nuestro país daba sus primeros pasos de vida independiente, Benjamin Franklin promovió la declaración del pavo silvestre como el ave nacional y lo llamó “un ave respetable” y “un ave valerosa”. La opinión de Franklin fue compartida por muchos naturalistas.

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Los pavos tienen un vistoso plumaje en tonos rojizos, cobrizos y verdosos que resalta sobre un fondo de plumas negras, y a través de sus expresivos ojos podemos intuir la manera como perciben su entorno. Además de su espléndida belleza, los pavos también exhiben un comportamiento sumamente social. Una de las actividades en las que esto es más patente es en la búsqueda de alimento. No es inusual encontrarse a varias familias mientras buscan juntas bellotas, frutos y semillas. A lo largo de varios meses, los padres enseñan a sus polluelos dónde buscar alimentos y cómo evitar a los predadores. Es común que las familias de desplacen varias millas en busca de los alimentos que necesitan, a pesar de preferir la protección que les brindan los bosques apartados. Al caer la noche, las familias se posan en las ramas de los árboles fuera del alcance de los predadores terrestres.

El ritual de apareamiento de los pavos es intrincado y complejo por lo que es uno de sus atributos más conocidos. Para aquellos que aprecien las excentricidades de la naturaleza, este es un acontecimiento memorable. Para iniciar el cortejo, el macho esponja las plumas de su pecho y despliega su cola en abanico para aparentar un mayor tamaño. El colorido “moco” que cuelga de la parte superior de su pico se vuelve más prominente y los sacos de aire localizados en su cuello se inflan y desinflan lentamente, lo que produce un sonido grave. Cuando ha logrado atraer la atención de la hembra, el macho gira lentamente en círculos, levanta y baja sus patas y a veces hace vibrar sus alas a fin de mostrar las plumas de vivos colores que solo exhibe en esta ocasión. Este ritual puede extenderse durante muchas horas.

Los pavos criados en las granjas industriales desconocen una vida natural. El objetivo de la producción industrializada de animales es manipular su naturaleza para que estos crezcan lo más rápido posible al menor costo. En el caso de los pavos, esta perversa ecuación conlleva un confinamiento intenso, la ingeniería genética y una serie de mutilaciones dolorosas. Los pavos que se crían para producir carne se parecen muy poco a sus ancestros salvajes. A los criadores industriales les importan muy poco los instintos de estas aves o su bienestar general. Para ellos son simplemente una mercancía.

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El proceso se inicia en los criaderos. Se mantiene a los machos y a las hembras hacinados en cobertizos. Los trabajadores extraen manualmente el semen de los machos e inseminan artificialmente a las hembras. Las vidas de estas aves se encuentran entre las más miserables ya que deben soportar esta burda práctica una y otra vez durante varios años. Cuando pierden su capacidad reproductiva, sus agotados cuerpos acaban convertidos en diversos alimentos procesados de baja calidad.

Los polluelos se transfieren a otras instalaciones de mayor tamaño en las que viven el resto de sus breves vidas. En cobertizos colmados con más de 75,000 aves, cada una dispone de un espacio de tan solo 2.5 pies cuadrados (19″ x 19″ o 0.23 metros cuadrados).[1] Se desplazan con mucho esfuerzo sobre una capa de excrementos cada vez más gruesa. Con el tiempo, el ácido úrico presente en los excrementos les causa quemaduras y ulceraciones en las patas y la pechuga. El intenso olor a amoníaco junto con el ruido producido por miles de pavos que cloquean simultáneamente crea un ambiente sumamente estresante.

Las condiciones de hacinamiento también provocan una agresividad que no es natural entre los pavos. En lugar de cambiar las condiciones bajo las que se las mantiene, lo que hacen es provocar cambios dolorosos en la anatomía de estas aves. Para evitar que se den picotazos unas a otras, se les recorta la mitad superior del pico y se despunta la inferior; todo esto sin anestesia. En las semanas que siguen al despique, las aves deberán aprender a beber y a comer con un pico deforme.

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Además del despique, se somete a los pavos a otra mutilación. Se les recorta una porción considerable de los dedos para evitar que se lastimen entre sí durante la temporada de apareamiento. Nuevamente, se prescinde de anestésicos para realizar esta práctica. A partir de ese momento, los pavos caminan de forma distinta. Los machos sufren una dolorosa mutilación adicional pues también se les corta el moco al no cumplir este ninguna función en ese ambiente artificial.

En el transcurso de las últimas décadas se ha sometido a los pavos a un proceso de selección genética extrema en las granjas industriales. Crecen a un ritmo tan acelerado y alcanzan un tamaño tan grande que sus huesos y órganos internos no lo resisten. Muchos de esos pavos mueren prematuramente ya que sus patas y sus corazones están sujetos a un esfuerzo extremo. Las aves que no sucumben a lesiones fatales se llevan al matadero al alcanzar entre 16 y 24 semanas de edad.

El transporte de los pavos hasta los mataderos es un evento sumamente traumático. Antes de subirlos a los camiones deben atraparlos físicamente. Los obreros se distribuyen por todo el cobertizo, agarran a los pavos y los meten por la fuerza en las carretas de transporte a la mayor velocidad posible. Durante este proceso, muchos de los pavos sufren fracturas en las alas y las patas. Las jaulas se cargan luego en las plataformas de grandes camiones de transporte. El ambiente, los olores y los sonidos desconocidos para las aves, sumados al movimiento, les causan gran estrés durante su transporte.

La legislación vigente permite a los transportistas viajar hasta 28 horas seguidas sin descansos. Estas 28 horas pueden extenderse a 36 con tan solo presentar una solicitud por escrito.[2] Durante todo ese tiempo los pavos están privados de agua y alimentos. Muchos de ellos no sobreviven al viaje.

Cuando los pavos llegan a los mataderos, las jaulas se descargan y se colocan sobre bandas transportadoras. Los pavos se sacan de las jaulas de uno en uno y se los cuelga de las patas en los ganchos de un riel transportador. Conforme avanzan hacia un baño de agua electrificado diseñado para aturdirlos antes de dárseles muerte, los pavos, colgados de cabeza, luchan por liberarse. En muchos de estos mataderos industrializados, el procesamiento se hace tan rápido que muchos de los pavos no quedan lo suficientemente aturdidos al pasar por el baño electrificado. En la siguiente estación, unas cuchillas automatizadas les cortan el cuello conforme pasan para que se desangren lentamente hasta morir. Los que no hayan quedado lo suficientemente aturdidos sufrirán una muerte lenta y dolorosa o lograrán evitar las cuchillas automatizadas. Sin embargo, el destino de esos pavos es el peor de todos ya que en la siguiente estación se los escalda en agua hirviente para remover las plumas. Los científicos que estudian a las aves de corral confirman que cuando los pavos no se desangran hasta morir, pueden recobrar la conciencia antes de ser sumergidos en el tanque de escaldado. En estos casos, los pavos son hervidos en vida.[3] Una vez sin plumas, una serie de máquinas evisceradoras remueve la cabeza, las patas y los órganos internos.

En los Estados Unidos se matan todos los años cerca de 46 millones de pavos solo para la celebración del día de Acción de Gracias.[4] En ese día es cuando celebramos nuestra libertad, nuestros derechos, a nuestra familia y todas las pequeñas cosas que nos hacen felices. Es una triste ironía que tal celebración culmine con una cena en la que se sirve como plato principal a un ave que simboliza el sometimiento, las penurias y el sufrimiento intenso.

La gran mayoría de los 270 millones de pavos que se matan cada año en los Estados Unidos se crían en granjas industriales. En un solo matadero se puede dar muerte a 360 aves por minuto; es decir, 518,000 en un período de 24 horas.[3] Los pavos, al igual que las demás aves criadas en granjas industriales, no están protegidos por la Ley de Bienestar Animal o la Ley Federal del Sacrificio Humanitario de Animales. Desde el día en que nacen hasta el día en que se les da muerte soportan condiciones de estrés extremo.

Cada una de estas aves es un individuo con un fuerte deseo de evitar el dolor y buscar el placer. En las granjas industriales los pavos están indefensos y son incapaces de evitar las circunstancias que les producen sufrimiento. Nuestras decisiones son, al fin y al cabo, las que determinan su destino. Al elegir convertirse en vegano usted puede dar fin a dichos abusos.

Referencias:

[1] Retrieved 8/22/2009 from http://animalscience.ucdavis.edu/Avian/pfs16C.htm
[2] Retrieved 8/22/2009 from http://www.law.cornell.edu/uscode/49/usc_sec_49_00080502—-000-.html
[3] Bilgili, S. F., 1999. Recent advances in electrical stunning. Poultry Sci. 78:282-286. citing Fletcher, 1993
[4] Retrieved 11/19/2016 from http://eatturkey.com/why-turkey/history