La verdad oculta bajo la piel de los bananos

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Por cortesía de Equal Exchange

El banano es la fruta más popular en los Estados Unidos, y su consumo anual supera al del consumo combinado de manzanas y naranjas.[1] Los bananos se han vendido en los Estados Unidos desde finales del siglo 19, aunque la variedad que se consumía entonces no es la misma que se consigue hoy día.[2] En 1890 apareció una enfermedad que se extendió por las zonas bananeras de América Latinx y el Caribe, y destruyó muchas de las plantaciones. Hacia principios del siglo 20 se iniciaron investigaciones dirigidas a desarrollar una variedad de banano que fuera resistente a esta enfermedad, lo cual condujo a la introducción de la variedad Cavendish; los bananos que encontramos hoy día en la sección de frutas y verduras de las tiendas.[3]

Sin embargo, al igual que sucede con muchos otros cultivos de exportación, bajo la apariencia saludable de esta fruta se oculta una historia sombría. La producción de bananos para la exportación fue una parte esencial del colonialismo que practicaron los Estados Unidos y Europa durante los siglos 19 y 20 bajo el pretexto de traer la “modernidad” a las regiones tropicales y hacer uso de las selvas “desaprovechadas”.[3] En los años transcurridos desde entonces, y al igual que ha sucedido con el café, el chocolate y la palma aceitera, la enorme demanda de esta fruta en Norteamérica y Europa ha hecho que su producción se haya convertido en un monocultivo insustentable y que haya estado inmersa en incontables crisis laborales y ambientales.

Los bananos suelen cultivarse en grandes plantaciones que también albergan a los trabajadores. Las plantaciones que se encuentran en América Central son propiedad de grandes corporaciones multinacionales que se encargan del cultivo, el procesamiento de la fruta para los consumidores y también su distribución.[2] Dichas plantaciones a menudo se establecen en tierras adquiridas por estas corporaciones a precios inusualmente bajos, y “de hecho funcionan como economías de enclave”.[2]En este tipo de estructura económica, ninguna industria local orientada a la exportación controla la producción regional y son comunes los abusos a los derechos humanos; una práctica profundamente arraigada en la industria del banano. Tan solo entre 2011 y 2012 siete miembros de sindicatos bananeros fueron asesinados en Guatemala.[4]Muchos de los principales países exportadores de banano, como Ecuador, Colombia, Costa Rica, Guatemala y otros, ostentan una trayectoria deficiente en la aplicación de las leyes laborales; ya sea por falta de recursos o de la voluntad política para hacerlo.[5][24]

Los aumentos en las ganancias de las compañías bananeras no se reflejan en los salarios de los trabajadores de las plantaciones, quienes, según algunos cálculos, reciben apenas entre uno y tres por ciento del valor al por menor del banano. [2] El mercado laboral en la industria bananera es muy inseguro en muchas regiones debido al gran número de trabajadores migrantes abrumados por la pobreza.[5] Algunos empleadores incurren en la práctica de recontratar consecutivamente a los trabajadores bajo contratos temporales de corto plazo, en vez de garantizarles contratos permanentes, con lo cual evitan pagar las prestaciones prescritas por la ley si así lo hicieran.[8] Este sistema de contratación temporal consecutiva también les permite a las compañías bananeras despedir a los trabajadores sin quebrantar las leyes que prohíben los despidos sumarios o por represalias antisindicales. Al igual que sucede con los trabajadores temporales de otros sectores, desde un punto de vista técnico, no se está despidiendo a los trabajadores bananeros sino que se están renovando sus contratos. En un ejemplo dramático de las injusticias perpetradas en contra los trabajadores bananeros, tanto Del Monte como Dole han “dejado ir” a miles de trabajadores tan solo para volver a emplearlos bajo un nuevo contrato que estipula menos prestaciones, mayores jornadas laborales y reducciones drásticas de hasta 30 a 40 por ciento en el salario.[11][13]

Los intentos de los trabajadores por sindicalizarse han sido reprimidos una y otra vez, en ocasiones con violencia física.[5][8] Trabajadores de las plantaciones de Dole-Stanfilco en las Filipinas denunciaron haber sido víctimas de acoso e intimidación, y de haber sido retenidos por el ejército bajo la fuerza de las armas debido a sus actividades sindicales.[9]

Es inusual que a los trabajadores se les pague por las horas extra,[5] y los salarios, incluso cuando se ajustan al salario mínimo legal del país, no son suficientes para satisfacer el costo de la vida. “Según un informe del U.S. Labor Education in the Americas Project [Proyecto de Educación Laboral Estadounidense en las Américas o USLEAP, por sus siglas en inglés] del ILRF, en una plantación de Chiquita en particular, la Finca Santa Rita, se ha sometido a los trabajadores al despojo de su salario, a represalias antisindicales y a arduas condiciones de trabajo, ‘y estos han luchado durante años para resolver los conflictos con la gerencia y lograr que se reconozca y garantice su pertenencia al sindicato’”.[10]Las compañías productoras y distribuidoras de bananos, como Dole, Del Monte y Chiquita, aún no han asumido plenamente su responsabilidad por las condiciones prevalentes en las plantaciones donde obtienen su producto. Sin embargo, en 2007 Chiquita se declaró culpable de haberle pagado al grupo paramilitar colombiano Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entre 1997 y 2004. Por lo anterior, Chiquita tuvo que pagar una multa de 25 millones de dólares. Según Chiquita, la compañía fue víctima de extorsión y “fue chantajeada para pagar a cambio de evitar que se agrediera a sus trabajadores”.[6]En 2011, los familiares de miles de colombianos asesinados o desaparecidos demandaron a Chiquita por haberles pagado a estos grupos paramilitares. [7] Este caso se encuentra aun siendo ventilado en los tribunales junto con otras demandas judiciales contra Chiquita. [32] En febrero de 2018 se resolvió uno de dichos casos interpuesto por los familiares de cinco misioneros y un geólogo asesinados por las FARC; un grupo guerrillero colombiano a quien Chiquita hizo pagos durante el conflicto interno en ese país. [33]

Trabajo infantil

Como escribió Juan Forero en el periódico The New York Times, “la presencia de trabajo infantil en las plantaciones es el resultado de una simple operación aritmética. Los trabajadores reciben muy poca paga debido en parte a que son los mayoristas y minoristas en el exterior quienes sacan los mayores beneficios, en especial tras la consolidación de las grandes cadenas de minoristas como Wal-Mart, Costco y Carrefour… El salario mínimo percibido [por los trabajadores] ni siquiera llega a los $220 que, según el gobierno, es lo que necesita una familia de cuatro para satisfacer sus necesidades básicas; y es por esta razón que los niños se incorporan al trabajo”.[8]La explotación de la mano de obra infantil sigue empeorando en las Filipinas y se ha documentado en las plantaciones bananeras.[12] En un informe de Human Rights Watch de 2002 sobre la industria bananera se comprobó la presencia generalizada de trabajo infantil en las plantaciones de Ecuador; la sede principal de producción y comercialización de banano de Dole.[14]Los niños ecuatorianos a quienes se entrevistó trabajaban jornadas de 12 horas, en promedio, y llevaban a cabo muchas tareas peligrosas y arduas. Estos niños, algunos de ellos de apenas ocho años de edad, manipulaban herramientas afiladas y cargaban racimos de bananos de un lugar a otro de las plantaciones a la vez que carecían de un acceso adecuado al agua potable y a servicios sanitarios. Bastante menos de la mitad de ellos asistía a la escuela y, a pesar de todo el sacrificio que realizaban, ganaban apenas algo más de la mitad del salario mínimo legal. Tres jovencitas denunciaron, además, haber sufrido acoso sexual. [14]Según un informe del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos de 2016, Ecuador sigue siendo uno de los países en los que es posible encontrar trabajo infantil en las plantaciones bananeras.[26]

Los niños trabajadores también estuvieron expuestos regularmente a los productos agroquímicos, por lo general sin llevar equipo protector, al manipular los plásticos recubiertos de insecticidas con los que se recubren los racimos de bananos, al aplicar fungicidas antes del embarque de la fruta o incluso mientras trabajaban y simultáneamente se realizaban fumigaciones aéreas de las plantaciones. En un breve lapso de tiempo tras haber estado expuestos a estos productos agroquímicos, los niños experimentaron una larga lista de reacciones negativas, “como dolor de cabeza, fiebre, mareos, enrojecimiento de los ojos, dolor estomacal, náusea, vómitos, temblores y estremecimientos, picazón, ardor en las fosas nasales, fatiga y dolor en los huesos”.[14] Solo es posible especular sobre los efectos que tales condiciones de trabajo puedan tener sobre la salud de estos niños en el largo plazo.

El comercio mundial y cómo afecta a las mujeres trabajadoras agrícolas

En 1993 la Unión Europea impuso un arancel del 25 por ciento a los bananos producidos en América Central, lo cual permitió a los bananeros africanos y caribeños competir bajo mejores condiciones con las compañías bananeras multinacionales estadounidenses.[28][29] La Organización Mundial del Comercio dictaminó que este arancel era ilegal y su eliminación en 2009 tuvo consecuencias obvias para los bananeros fuera de América Central, quienes ya se encontraban en problemas.

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Esta situación ha afectado desproporcionado a las mujeres de las Antillas Menores, ya que allí ellas componen la mayoría de los productores de banano. La caída de los precios del banano en la región durante las últimas décadas y la consiguiente reducción en el área de cultivo ha llevado a un aumento en la pobreza y el desempleo, y a un empeoramiento de las condiciones de vida entre las mujeres de las zonas rurales. Las mujeres solteras son cabeza de familia en casi el 40 por ciento de los hogares caribeños, lo cual significa que muchas de las mujeres dedicadas a la producción del banano no cuentan con un ingreso adicional para amortiguar los efectos del declive de la industria bananera.[16] En las plantaciones bananeras de todo el mundo se contrata a la mujeres como trabajadoras temporales y no cualificadas, y se les ofrecen salarios no siempre equivalentes a los de los varones. La ausencia de guarderías infantiles en el sitio de trabajo y su papel tradicional como proveedoras de los alimentos para sus familias les imposibilita a estas mujeres optar por empleos de tiempo completo.[27]

El impacto ambiental: deforestación y uso de productos agroquímicos

La producción de bananos para abastecer la demanda mundial de este producto ha sido, y lo sigue siendo, un proceso destructivo para el ambiente. A finales del siglo 19 y valiéndose de medios de dudosa calidad moral, empresarios británicos y estadounidenses lograron apropiarse de vastas áreas casi despobladas de bosques costeros de gran riqueza y biodiversidad.[2] Desde sus comienzos, la producción bananera involucró la tala de extensas áreas de bosques primarios para reemplazarlos con el monocultivo del banano. Estas plantaciones se abandonan y el proceso se repite cuando factores como el agotamiento de los suelos o la infestación con plagas comienzan a hacer mella en los rendimientos.[2]

El mantenimiento del monocultivo del banano requiere del uso de enormes cantidades de pesticidas, herbicidas, fungicidas y fertilizantes sintéticos. “La mayoría de los propietarios de plantaciones bananeras invierten más dinero en productos agroquímicos que en pagarles a sus trabajadores”.[15]Dichos productos agroquímicos por lo general se aplican mediante fumigaciones o espolvoreos aéreos realizados con avionetas. Se calcula que en realidad solo el 15% de estas sustancias químicas alcanza los cultivos, mientras que el restante 85% acaba en los trabajadores, sus hogares y sus alimentos.[15]Esta práctica representa un peligro tanto para los trabajadores, quienes tal vez no cuentan con equipo protector, como para el ambiente circundante.

Los productos agroquímicos que se utilizan en el cultivo del banano pueden dañar a los bosques tropicales contiguos a las plantaciones. En un estudio realizado en Costa Rica se encontraron residuos de pesticidas en la sangre de los caimanes de anteojos que vivían en zonas cercanas a plantaciones bananeras. Muchos de estos residuos correspondían a pesticidas que, como el DDT, no se han utilizado en la región por muchos años.[17] Esta es solo una de las formas en las que las prácticas agrícolas agresivas pueden tener un impacto duradero y difícil de revertir sobre el ambiente. La acumulación de pesticidas en el cuerpo de estos reptiles semejantes a los lagartos es también una indicación de la persistencia de dichas sustancias químicas en los distintos niveles tróficos, puesto que se encuentran en la cima de la cadena alimentaria del ecosistema. El estudio también reveló que, si bien los niveles de pesticidas que se encontraron en la sangre de los caimanes de anteojos de Costa Rica no representaban una amenaza inmediata para esta especie, el vivir cerca de las plantaciones sí tenía un impacto negativo sobre la salud de estos animales; caso opuesto a lo encontrado entre los caimanes también estudiados en las áreas remotas y relativamente no contaminadas.[17]

El dibromocloropropano (DBCP) es uno de los productos agroquímicos más comunes en el cultivo del banano. A pesar de que la Agencia para la Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) catalogó a esta sustancia como un posible agente carcinogénico para seres humanos [13] y de que su uso se prohibió en los Estados Unidos desde 1979[19], el DBCP se sigue usando ampliamente en América Latinx. Se han entablado numerosas demandas judiciales en contra de gigantes bananeros, como Dole y Del Monte, en relación con el uso del DBCP, en las que los trabajadores alegan haber sufrido serios daños de la salud. Los trabajadores también denunciaron que no les suministraron equipos protectores o ni tan siquiera les advirtieron del peligro potencial de la exposición a este producto.[19]

El impacto sobre los recursos hídricos y sobre la vida animal

En la producción del banano se utilizan y contaminan enormes cantidades de agua. Puesto que para cultivar el banano es preciso mantener un nivel de humedad constante (ni demasiada humedad ni muy poca), las plantaciones de banano están cruzadas por canales de irrigación y de drenaje, lo cual aumenta enormemente la erosión del suelo.[2] Como consecuencia de lo anterior, los productos agroquímicos y los sedimentos acaban en las corrientes de agua contiguas.

En el Caribe las plantaciones de banano se encuentran a lo largo de las costas, por lo que este tipo de escorrentía ha ocasionado un daño considerable a los estuarios y a los arrecifes de coral.[30]Por otro lado, una gran cantidad de los bananos producidos (hasta un tercio de ellos, en ocasiones) no cumple con los criterios de comercialización, principalmente por razones estéticas, por lo que se calcula que la cantidad total de residuos vegetales producto de la cosecha del banano, incluidos los raquis y los tallos, es aproximadamente igual a la del volumen de fruta que se embarca para la venta.[2]Estos residuos a veces se arrojan en los ríos cercanos y, al descomponerse, provocan el agotamiento del oxígeno del agua, lo que representa una amenaza para los peces y los microorganismos.[31]

En su obsesión por hacer dinero, las compañías bananeras normalmente pasan por alto los muchos efectos perniciosos que sus plantaciones tienen sobre los trabajadores y el ambiente, y ofrecen su producto como una fruta saludable y nutritiva. Esto no causa sorpresa si se tienen en cuenta las estrategias de mercadeo que se utilizaban décadas atrás.

Una historia de colonialismo, racismo y sexismo

Durante mucho tiempo las compañías bananeras han hecho uso de estereotipos racistas y colonialistas para comercializar sus bananos en los Estados Unidos. Un ejemplo ilustrativo de lo anterior es el de Chiquita; el principal distribuidor de bananos en los Estados Unidos.

La versión original del logotipo de Chiquita presentaba un banano con la figura de una mujer atractiva; una representación que perpetuaba la asociación entre la imagen de las mujeres y la comida, y las retrata como un bien pasivo y consumible. Este personaje se promocionó por primera vez entre los consumidores estadounidenses en la década de 1940 a través de un corto comercial descaradamente racista: Chiquita Banana y los Caníbales (Se puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=s5YNlCxo43E). En este comercial animado se muestra la figura caricaturizada y estereotipada de un nativo africano que cocina a un inglés en el fogón. El personaje de Chiquita Banana lo interrumpe y, acompañada de la famosa melodía publicitaria de la compañía, canta la siguiente canción: “Si fino y civilizado quieres ser, de otra forma deberás comer”, tras lo cual le sugiere que mejor se coma unos bananos rebosados fritos y le ofrece la receta. Resulta increíble que en la página web de Chiquita se presente con nostalgia la imagen de uno de esos anuncios de antaño de la que han borrado toda traza de racismo. El texto que la acompaña dice: “… Miss Chiquita llegó a personificar a los bananos de Chiquita. Haciendo gala de una personalidad festiva y alegre, Miss Chiquita se convirtió en nuestra experta en todo lo que usted siempre quiso saber sobre los bananos”.[20]

Al margen de si se utiliza la imagen de un banano con figura de mujer, como en el logotipo original, o la de una mujer real, como en el logotipo moderno; la figura de Chiquita Banana ofrece una representación de la mujer latinoamericana cargada de sexualidad y exotismo y perpetúa los estereotipos sobre América Latinx y sus habitantes. Como es el caso con Aunt Jemima y Uncle Ben, el logotipo de Chiquita es otro ejemplo de la objetivación y explotación de la imagen de personas no blancas.

El personaje de Chiquita Banana encarna la idea colonialista de que los trópicos son un lugar donde prevalece la simplicidad y la abundancia, y su carácter divertido y despreocupado resulta especialmente ofensivo cuando se piensa en que la realidad de la producción bananera es precisamente todo lo contrario. Al adquirir productos de marcas como Chiquita, las compañías reciben el mensaje de que pueden seguir explotando estereotipos perjudiciales para obtener ganancias sin enfrentar ninguna consecuencia.

Recomendaciones

Food Empowerment Project realiza un gran esfuerzo por informar a las personas sobre el origen de los alimentos que consumen de modo que puedan tomar decisiones de la forma más ética posible. Estamos conscientes de que esto no será fácil en el caso de los bananos. Para muchas personas, el banano es una fruta con un precio razonable y gran valor nutritivo; sin embargo, al comprar bananos convencionales se contribuye a los abusos que se cometen contra el ambiente y contra los derechos humanos.

En la producción de bananos orgánicos los trabajadores tal vez no estén expuestos a terribles agroquímicos pero, por lo general, sus salarios y otras condiciones laborales tampoco son mejores. Aparte de lo anterior, parece que, por desgracia, también existen algunos problemas con las certificaciones ofrecidas por las organizaciones de comercio justo y otras organizaciones certificadoras.[21] Por ejemplo, algunos sistemas de certificación prestigiosos consideran a los derechos de los trabajadores como algo que las compañías ofrecen “voluntariamente” y no como normas básicas que deben defenderse.[22]

Nuestra recomendación es que usted compre bananos certificados por: Equal Exchange

Por desgracia, en los Estados Unidos no se encuentran los bananos que podemos recomendar con confianza (los producidos por cooperativas de pequeños agricultores).

Por esta razón, también estamos recomendando los bananos producidos por:

Coliman
Earth University
Organics Unlimited/GROW

Si en las tiendas donde usted hace sus compras no ofrecen estas marcas de bananos, lo/a animamos a pedirles que lo hagan.

References

[1] “The Surprising Science Behind the World’s Most Popular Fruit.” National Geographic. (October 24, 2017). Retrieved fromhttps://www.nationalgeographic.com/environment/urban-expeditions/food/food-journeys-graphic/ (4/20/18)

[2] McSweeney, K. (2007). Bananas. In P. Robbins (Ed.),Encyclopedia of Environment and Society.(pp. 100-101). Thousand Oaks, CA: SAGE Publications, Inc.

[3] Soluri, J. (2002). “Accounting for Taste: Export Bananas, Mass Markets, and Panama Disease.”Environmental History, Vol. 7 No 3, pp. 386-410

[4] Luxner, L. “Guatemalan banana bosses deny they’re exploiting campesinos.” The Tico Times, April 22, 2014. Retrieved from http://www.ticotimes.net/2014/04/22/guatemalan-banana-bosses-deny-theyre-exploiting-campesinos (4/20/18)

[5] Smith, Rachel and Sustainable Food Trust. “How green are your bananas?” The Ecologist, August 10, 2015. Retrieved fromhttps://theecologist.org/2015/aug/10/how-green-are-your-bananas (6/23/18)

[6] Hurley, L. “U.S. top court rejects Colombian Chiquita human rights suit.” Reuters, April 20, 2015. Retrieved from https://www.reuters.com/article/us-usa-court-rights/u-s-top-court-rejects-colombian-chiquita-human-rights-suit-idUSKBN0NB1I520150420  (2/2/18)

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[8] Forero, J. “In Ecuador’s Banana Fields, Child Labor is Key to Profits.”TheNew York Times, July 13, 2002. Retrieved from http://www.nytimes.com/2002/07/13/world/in-ecuador-s-banana-fields-child-labor-is-key-to-profits.html (6/24/18)

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[11] Frundt, H. J. Fair Bananas! Farmers, Workers, and Consumers Strive to Change an Industry. University of Arizona Press: Tucson, AZ. (2009)

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[24] “Low wages and union violence tarnish Guatemala’s banana trade.” Fresh Fruit Portal, May 2, 2014. Retrieved from https://www.freshfruitportal.com/news/2014/05/02/low-wages-and-union-violence-tarnish-guatemalas-banana-trade/ (6/23/18)

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[27] Cooper, Anna. “Women in the Banana Export Industry: Regional Report on Latin America.” Banana Link, May 2015. Retrieved from http://www.bananalink.org.uk/sites/default/files/ENG_Latin%20America%20report_FAO%20Gender%20research%202015.pdf (6/23/18)

[28] Weatherston, Jamie. (2009) “Banana Wars.” Retrieved from Encyclopedia of Business in Today’s World (6/23/18)

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[32] “Chiquita Lawsuits.” Business & Human Rights Resource Centre. (2018) Retrieved from https://www.business-humanrights.org/en/chiquita-lawsuits-re-colombia#c122150 (7/9/18)

[33] Musgrave, Jane. (2018) Chiquita settles suits with families of slain missionaries, geologist. Palm Beach Post, February 5, 2018. Retrieved from https://www.palmbeachpost.com/news/crime–law/chiquita-settles-suits-with-families-slain-missionaries-geologist/4XnFIYk9Zm09qfglFvpicJ/ (7/9/18)

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