Joy, a rescued rabbit

La cría de conejos para “carne”

En la naturaleza, los conejos son una parte integral de los ecosistemas de todo el mundo. Se han adaptado a casi todos los climas de la Tierra; desde el vasto desierto de Sonora en América del Norte hasta la fría tundra ártica de Groenlandia. Parientes cercanos de los roedores, los conejos muestran características físicas y comportamientos verdaderamente únicos en el reino animal. Por ser herbívoros estrictos, se alimentan principalmente de pastos y otras plantas suculentas. Cuando escasean los alimentos, los conejos reingieren los “cecotrofos”, una forma de sus excrementos. Este es un aspecto vital de su sobrevivencia, a pesar de lo repugnante que pueda sonar.

Mientras que la visión es nuestro principal sentido de percepción, la sobrevivencia de los conejos depende de su agudo sentido del oído. Al girar e inclinar sus largas orejas, pueden detectar fácilmente a sus posibles predadores a la distancia. Sin embargo, un oído excepcional es solo una de sus numerosas herramientas de sobrevivencia. Sus ojos están ampliamente espaciados lo que les confiere un campo de visión de casi 360°. Sus patas traseras, largas y angostas, les permiten correr a velocidades superiores a las 35 mph (56 km/h). Si perciben algún peligro, golpean el suelo fuertemente con sus patas traseras para advertir a su familia en la madriguera subterránea.

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Los conejos son bien conocidos por su potencial reproductivo y las conejas preparan sus nidos y amamantan a sus crías (gazapos) con gran satisfacción. Una camada normal consiste de cinco a seis gazapos, los cuales nacen sin pelaje, sordos y ciegos, excepto en el caso de las liebres que ya nacen con pelaje y son capaces de saltar a los pocos minutos de nacidas. Una prueba del carácter ingenioso de estos animales es que las hembras hacen sus nidos a partir de una mezcla de hierbas y pelusa que arrancan de sus propios cuerpos. Los machos intervienen muy poco o nada en la cría de los gazapos. Gastan gran parte de su tiempo y energía en luchar entre sí para tener la oportunidad de aparearse.

Cualquiera que haya pasado algo de tiempo con conejos habrá notado rápidamente su naturaleza gentil y curiosa. Un buen ejemplo de lo anterior es su hábito de acicalarse constantemente. Aunque el acicalamiento individual es muy importante, el acicalamiento mutuo es una muestra común de afecto y un aspecto importante de su jerarquía social. Si se sienten seguros, los machos y las hembras se alternarán para lamerse delicadamente uno al otro en la frente y en las orejas. El animal que recibe los lamidos rechina sus dientes con satisfacción. Otro comportamiento común entre los conejos es frotar objetos con el mentón. Los conejos tienen una glándula odorífera bajo el mentón, con el que, extendiendo la cabeza, frotan aquellos objetos de su agrado.

No es de sorprender que muchas culturas antiguas hayan tenido a los conejos en gran estima, y a menudo se referían a ellos como guías espirituales y el vivo ejemplo de la inocencia.

En las granjas industriales los conejos viven una existencia sumamente artificial. En lugar de explorar prados y pastizales como sus congéneres silvestres, a estos conejos se los confina en pequeñas jaulas en las que apenas pueden dar un salto. Este confinamiento es indudablemente cruel e innecesario para un animal equipado para desplazarse rápida y ágilmente. Sus vidas se reducen básicamente a convertir forrajes baratos en carne y piel de gran rentabilidad. Al igual que con los demás animales criados en granjas industriales, se arremete sistemáticamente contra sus instintos y su bienestar general.

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Casi todos los conejos que se crían para “carne” en la actualidad descienden de la especieOryctolagus cuniculus del viejo mundo. Las razas más comunes que se utilizan en los Estados Unidos son la blanca neozelandesa y la californiana o los híbridos de ambas. Estas se consideran las razas más estimadas debido a su tamaño relativamente grande y a su pelaje blanco, el cual es muy cotizado en el comercio de pieles ya que puede teñirse con facilidad.

No existe ninguna legislación que regule las condiciones de vida de los conejos. Conocidas como “conejeras”, las estructuras que albergan a los conejos en las granjas industriales consisten de largas hileras de jaulas metálicas con fosas para desechos. Se colocan varios conejos en una sola jaula y cada uno dispone de un espacio menor a la superficie de una hoja de papel. Aunque los conejos son muy sensibles al amonio de sus propios excrementos, las conejeras están diseñadas para tener un fácil acceso y necesidades mínimas de mantenimiento. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos le recuerda a los cunicultores que “entre más grande se haga la fosa, habrá que vaciarla con menor frecuencia”.[1]

Estas condiciones son bastante similares a las que se somete a las gallinas ponedoras, a las que se encierra en “jaulas en batería”. No es de sorprender que tales condiciones de confinamiento extremo afecten tanto la salud mental como la salud física de estos animales. Los conejos enfermos o que han sufrido lesiones a menudo pasan desapercibidos y rara vez reciben cuidados veterinarios.

Las conejeras ubicadas al aire libre no presentan los mismos problemas de ventilación que las ubicadas bajo techo, sin embargo, exponen a los conejos a una situación igualmente peligrosa: la amenaza de los predadores. Los conejos encerrados en jaulas son vulnerables a distintos predadores silvestres que los acechan constantemente. El ataque de los predadores puede ser fatal para los conejos incluso si no llegan a penetrar en las jaulas ya que les puede provocar un paro cardiaco mortal. Además, los conejos enjaulados al aire libre no pueden actuar instintivamente para protegerse de las inclemencias del clima.

El ciclo de vida de un conejo criado en una granja industrial es muy breve. Los mismos criadores que controlan el comercio de “mascotas” son quienes abastecen los conejos recién nacidos. Los conejos de compañía pueden llegar a vivir de 10 a 15 años, sin embargo, la inmensa mayoría de los conejos criados para “carne” perecen en los mataderos al cumplir los tres meses de edad.[2]Esos conejos bebé, conocidos como “fryers” en la industria cunícula, pesan tan solo de 1.5 a 3.5 libras (0.68 a 1.6 kg). Un pequeño porcentaje de los conejos se mata cuando alcanza los ocho meses de edad o cuatro libras (1,8 kg) de peso. A estos conejos se los conoce como “roasters”.[2]

Las hembras generalmente dan a luz de cinco a ocho camadas al año. Debido a las condiciones de confinamiento forzado, la mortalidad entre los gazapos que no han sido destetados puede elevarse al 40%, y el cainismo (el canibalismo entre hermanos) no es inusual.[1,3] Después del destete, los gazapos se transfieren a las “jaulas de ceba” o “engorde” en las que permanecen hasta que alcancen la edad y el peso requeridos para ser despachados como “fryers”. Las madres dan a luz camada tras camada durante 18 meses, después de lo cual se las considera “agotadas” y se las envía al matadero.[1]

Por lo general se mata a los conejos en las mismas granjas; sin embargo, cierto porcentaje de ellos es enviado a los mismos mataderos donde se mata a los pollos y a los pavos. Al igual que esas aves, los conejos no están protegidos por la Ley sobre Métodos Humanitarios para la Matanza de Animales; una ley federal que establece que a los animales se los debe insensibilizar al dolor antes de matarlos. Las dos formas más comunes de matar a los conejos es mediante la dislocación cervical (romperles el cuello) o golpearlos en la cabeza con un objeto contundente. [4][4]

Aunque algunos estados exigen la inspección de la “carne” de conejo, esto no es un requisito a nivel federal.[2] Ni la Ley Federal de Inspección de Carnes (FMIA, por sus siglas en inglés) ni la Ley de Inspección de Productos Avícolas (PPIA, por sus siglas en inglés) incluyen a los conejos. Por consiguiente, la inspección federal es totalmente voluntaria. La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) solo inspecciona la “carne” de conejo importada. Esa inspección se centra en detectar “descomposición, residuos de pesticidas y contaminación con inmundicias”.[1] Según los análisis más recientes, solo entre el 20 y el 25% de los dos millones de conejos que se matan para “carne” en los Estados Unidos estuvieron sujetos a inspección federal.[1] De acuerdo con otros cálculos sobre la matanza anual de conejos, esa cifra alcanza los ocho millones.[1] Dichas cifras no incluyen los 62,000 a 75,000 hembras y machos reproductores que se calcula que la industria cunícula mantiene en cualquier momento determinado.[1]

Los conejos son animales sumamente protectores, inteligentes y curiosos. Necesitan de muy poco para vivir, pero como es el caso con los demás animales criados en granjas industriales, esas necesidades son vitales para su sobrevivencia y su bienestar general. En la naturaleza, los conejos se alimentan de una amplia variedad de material vegetal, como hierbas, pastos, plantas frondosas y frutos. En las granjas industriales es común que se los alimente exclusivamente con heno. En la naturaleza, los conejos forman comunidades extendidas y se cuidan unos a otros mientras exploran su variado entorno. En las granjas industriales, se sientan en sus jaulas de metal día tras día y respiran vapores de amonio.

Ningún animal merece que su naturaleza se reprima a un grado tan extremo. Le pedimos que rechace este y los demás productos de la opresión y que adopte un estilo de vida vegano.

Referencias: 

[1] http://www.aphis.usda.gov/animal_health/emergingissues/downloads/RabbitReport1.pdf. In part quoting work by (Lebas et al, 1997) and (Lebas and Hake)

[2] https://www.fsis.usda.gov/wps/portal/fsis/topics/food-safety-education/get-answers/food-safety-fact-sheets/meat-preparation/rabbit-from-farm-to-table (Retrieved 9/4/17)

[3] http://www.scielo.cl/pdf/amv/v40n3/art09.pdf

[4] Retrieved 3/2/2013 from http://msucares.com/livestock/small_animal/slaughter.html

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