El racismo ambiental

Aunque es cierto que la contaminación se encuentra en casi todas partes, también lo es el hecho de que algunas comunidades están agobiadas por un número desproporcionadamente mayor de instalaciones industriales que contaminan el aire, el suelo y el agua. Este tipo de instalaciones industriales contaminantes, como son los rellenos sanitarios, los incineradores de basura, las plantas termoeléctricas de carbón y los vertederos de residuos tóxicos, por lo general se ubican en las comunidades de minorías étnicas y de bajos ingresos, y afectan el bienestar de sus habitantes. La salud de estas personas a menudo también se ve comprometida por la falta de acceso a los alimentos sanos en sus vecindarios. Racismo ambiental es el término que utilizan las personas que luchan por la justicia ambiental para referirse a este tipo de injusticia.

Los activistas de la justicia ambiental abordan la protección del ambiente desde una perspectiva distinta a como lo hacen los grupos que se centran solamente en los problemas ambientales. Estos activistas consideran al ambiente como el lugar donde “vivimos, trabajamos, nos divertimos, nos educamos (y algunas veces oramos)”. Empeñan su esfuerzo en reparar los perjuicios causados por el racismo ambiental que, por lo general, encuentra su origen en las consecuencias, previstas o imprevistas, de regulaciones que se aplican selectivamente o no se aplican del todo, lo que acarrea un impacto negativo sobre las personas de minorías étnicas.

Cuando las personas escuchan hablar de la contaminación industrial, por lo general piensan en fábricas con chimeneas humeantes. Sin embargo, la industria alimentaria, con sus granjas de cría intensiva y sus mataderos, también se puede considerar como una importante fuente de contaminación que afecta la salud de las comunidades de minorías étnicas y las de bajos ingresos ya que en la mayoría de los casos estas industrias se localizan en las mismas zonas donde viven estas personas. Según María C. Mirabelli, Steve Wing, Stephen W. Marshall y Timothy C. Wilcosky de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill “Las explotaciones de engorde de ganado estabulado [CAFO, por sus siglas en inglés] para cerdos se localizan de forma desproporcionada entre las comunidades de minorías étnicas y en las regiones donde prevalece la pobreza…”[1]

Las grandes empresas que gestionan granjas porcinas industriales se encuentran entre las que dañan el ambiente y la salud de las comunidades de minorías étnicas y las de bajos ingresos. En algunas investigaciones se ha demostrado que estas granjas porcinas contaminan tanto el aire como el agua, principalmente a causa de las inmensas lagunas de estiércol que se construyen para contener las enormes cantidades de residuos producidas por los miles de cerdos que son criados para servir de comida. Las personas que viven cerca de estas granjas de cría intensiva a menudo se quejan de sufrir irritación de los ojos, la nariz y la garganta, así como de una disminución en su calidad de vida y un aumento en los episodios de depresión, tensión, ira, confusión y fatiga.[2]

Se ha llegado a decir que la población de cerdos en las granjas de cría intensiva sobrepasa al total de la población en el estado de Carolina del Norte. La contaminación que se produce en las granjas porcinas de Carolina del Norte ha ocasionado que la concentración de nitratos en las aguas subterráneas alcance niveles peligrosos, siendo esta una de las principales causas del síndrome del niño azul. El sulfuro de hidrógeno también ha causado un notable aumento de las enfermedades respiratorias en la vecindad de estos lugares. Y debido a la ubicación de estas granjas industrializadas, las personas más afectadas son aquellas pertenecientes a las comunidades de minorías étnicas y bajos ingresos.[3]

Lo anterior no constituye un ejemplo aislado. La ubicación de estas instalaciones no siempre corresponde a un proceso intencional de parte de los responsables de estas industrias. Por el contrario, debido a las distintas dinámicas entre origen étnico y clase en los Estados Unidos, las comunidades de minorías étnicas tienden a ubicarse en las áreas rurales pobres en las que la tierra es más barata. De acuerdo con los sociólogos Bolin, Sara Grineski y Timothy Collins de la Universidad Estatal de Arizona, otros de los factores fundamentales detrás del racismo ambiental son “El uso de la tierra, la segregación de las viviendas, los patrones de empleo racializados, las prácticas financieras y la forma en que la raza impregna los procesos de zonificación, desarrollo y préstamos bancarios”.[4] Carolina del Norte es un ejemplo de lo anterior, sin embargo, se observan patrones similares en la mayoría de las principales zonas agrícolas.[3]

Es posible también que estas grandes empresas decidan establecerse en estas zonas rurales motivadas por la percepción de que los habitantes locales no tienen la voluntad política para oponerse a ellas o de que los habitantes de bajos ingresos necesitan los puestos de trabajo y no objetarán que se establezcan allí. En opinión de los activistas de la justicia ambiental, la segunda de estas razones constituye una forma de extorsión económica; es decir, los habitantes aceptan sufrir las consecuencias negativas sobre su salud y los efectos adversos sobre el ambiente con el fin de asegurarse un puesto de trabajo. Por fortuna, este tipo de injusticias se denuncia con cada vez más frecuencia lo que impide que se conviertan en práctica habitual.

environmental2Sin embargo, lo que a menudo se pasa por alto es el daño infligido a las comunidades cercanas, cuyos habitantes sufren, generación tras generación, las enfermedades provocadas por la contaminación industrial de las tierras, el aire y el agua. El riesgo que corre la salud de estos habitantes depende de su grado de exposición. Los trabajadores y sus familias son quienes se ven afectados de forma más severa, aunque la salud de la comunidad también es motivo de preocupación. Los vertidos de las granjas de cría intensiva, los cuales contienen una amplia variedad de organismos patógenos, antibióticos y otras sustancias químicas tóxicas, pueden alcanzar los acuíferos y contaminar las fuentes de agua circundantes. Los virus se pueden transmitir de los trabajadores de estas plantas industriales a sus familias y a sus comunidades. Asimismo, los trabajadores ilegales de las plantas empacadoras de carne y de las granjas de cría intensiva a menudo son más recelosos de inscribirse en los programas de salud existentes por temor a sufrir consecuencias legales.[5]

La contaminación del aire también representa un riesgo para los miembros vulnerables de las poblaciones cercanas a las granjas de cría intensiva; especialmente los niños, los ancianos y las personas que padecen enfermedades respiratorias. Los estudios epidemiológicos sobre las emisiones de las granjas de cría intensiva en particular han mostrado una vigorosa correlación entre estos contaminantes y el asma. Algunas encuestas realizadas en escuelas rurales de Carolina del Norte también muestran una fuerte correlación entre recibir un diagnóstico de asma y la proximidad de las granjas de cría intensiva. Se encontró que las escuelas con un número significativo de estudiantes de minorías étnicas (cerca del 37%) y con apenas menos de la mitad del alumnado inscrita en programas de almuerzos a precio rebajado, se localizaban a 4.9 millas (7.9 km), en promedio, de las granjas de cría intensiva de cerdos, en tanto que las escuelas con más estudiantes blancos y de mayores ingresos se localizaban a una distancia de 10.8 millas (17.4 km), en promedio, de dichas granjas. También se observaron correlaciones significativas entre raza, pobreza y la exposición a los olores emitidos por estas granjas de cría intensiva de cerdos.[1]

environmental1La industria de productos lácteos de California no es una excepción a lo anterior. Este estado alberga a más de 1.7 millones de vacas; la mayoría de ellas en las mega lecherías. No existe duda de que las lecherías de producción intensiva contribuyen a la contaminación del aire. La Agencia para la Protección Ambiental ha estado monitoreando para determinar a cuánto suma exactamente esa contribución de las granjas de cría intensiva.[6]

Muchas de las plantas industrializadas de productos de origen animal se concentran en el Valle de San Joaquín; una región agrícola que se extiende de Stockton a Bakersfield. Entre 2001 y 2005 el número de personas con asma en esta región creció en un 3%.[7] A partir del 2012, uno de cada seis niños en el valle de San Joaquín sufre de asma, y de acuerdo con el Asthma and Allergy Foundation of America, el condado de Fresco es el lugar con más retos para aquellos que sufren de asma.[8][9] La revista Discovery ha reportado que los desechos de las granjas lácteas, suelo llevado por el viento, pesticidas, emisiones industriales, exhosto de vehículos y partículas de polvo levantadas por carros han convertido a este lugar en uno los sitios con peor smog de la nación.[10] Por lo tanto, no sorprende que estas granjas de cría intensiva se localicen en la cercanía de una gran cantidad de comunidades de minorías étnicas que viven en la pobreza. Según un informe reciente emitido por el Central Policy Health Institute: “En 2005, siete de los ocho condados del Valle de San Joaquín tenían un porcentaje mayor de habitantes latinos que el estado en su conjunto (35.9%).[11] Este informe añade que el Valle de San Joaquín es “una de las zonas menos ricas de California… y la pobreza constituye un problema significativo, tanto en zonas urbanas como rurales”.[11]

La contaminación del agua es otro de los problemas fundamentales que afecta a las personas que viven en las zonas agrícolas y que “dependen de las aguas subterráneas de pozos comunitarios que a menudo están contaminados con pesticidas, desechos de animales y subproductos de los fertilizantes.[12] Los nitratos son sustancias químicas que se encuentran tanto en los excrementos de los animales como en los fertilizantes nitrogenados, y no es raro que se infiltren en el suelo y contaminen las fuentes de aguas subterráneas. En una investigación realizada por Carolina Balazs, candidata al doctorado por la Universidad de California en Berkeley, se encontró que “La mayoría de las personas expuestas al agua contaminada con nitratos en California vive en el Valle de San Joaquín… las comunidades con predominancia de habitantes latinos están expuestas de forma desproporcionada”.[12] De acuerdo con los resultados preliminares de la investigación de Balazs “el 65 por ciento de los habitantes de las comunidades abastecidas con el agua de peor calidad son de origen latino y 50 por ciento se halla por debajo del umbral de pobreza”.[12]

Resulta trágico que a menudo estas comunidades no cuentan con otras opciones para ganarse la vida o con alternativas a los productos de origen animal o al agua de llave contaminada. Estas comunidades se ven perjudicadas por el sistema y disponen de pocas opciones razonables. Estas limitaciones son una parte esencial del sistema de cría intensiva de animales. En tanto los consumidores sigan demandando grandes cantidades de carne producida en las granjas de cría intensiva, serán comunidades enteras, y no solo los trabajadores, las que reciban el mayor embate de la contaminación y las sustancias tóxicas. Es cierto que los alimentos de origen vegetal pueden también vincularse al uso de productos químicos tóxicos y a prácticas abusivas, pero al tomar en cuenta las enormes cantidades de plantas que se necesitan para alimentar a los animales criados para servir de comida, podemos aun reducir en gran medida nuestra “huella de contaminación” colectiva si elegimos opciones veganas. Los alimentos que consumimos a diario nos ofrecen la oportunidad de ejercer nuestro voto con nuestro dinero y solidarizarnos con las comunidades para combatir el racismo ambiental. El racismo ambiental puede asumir muchas formas, pero cuando se trata de injusticias relacionadas directamente con la industria alimentaria, podemos optar por una dieta vegana y de esta forma ponemos nuestro granito de arena para no contribuir con tales injusticias.

Referencias:

[1] Maria C. Mirabelli, Steve Wing, Stephen W. Marshall, and Timothy C. Wilcosky, “Race, Poverty, and Potential Exposure of Middle-School Students to Air Emissions from Confined Swine Feeding Operations,” n.d., http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1440786/ (12/4/10)

[2] David Wallinga, M.D., Institute for Agricultural Trade Policy, “Concentrated Animal Feeding Operations: Health Risks from Air Pollution” (2004) Retrieved 3/15/2013 from http://www.iatp.org/documents/concentrated-animal-feeding-operations-health-risks-from-air-pollution

[3] “The Industrialization of Agriculture and Environmental Racism: A Deadly Combination Affecting Neighborhoods and the Dinner Table,” July 30, 1997. Retrieved 3/18/2013 from http://www.iatp.org/files/Industrialization_of_Agriculture_and_Environme.htm

[4] B. Bolin, S. Grineski, and T. Collins, “The Geography of Despair; Environmental Racism and the Making of South Phoenix, Arizona, USA,” Human Ecology Review 12, no. 2 (2005): 156.

[5] Putting Meat on the Table: Industrial Farm Animal Production in America (Pew Commission on Industrial Farm Animal Production, April 2008), http://www.ncifap.org (12/10/10)

[6] “National Air Emissions Monitoring Study.” US Environmental Protection Agency. https://www.epa.gov/afos-air/national-air-emissions-monitoring-study#naems-study  (3/31/17)

[7] Lisa Kresge, Ron Strochlic, “Clearing the Air: Mitigating the Impact of Dairies on Fresno County’s Air Quality and Public Health,” Retrieved 8/21/2017 from http://www.cirsinc.org/publications/category/9-food-systems?download=4:clearing-the-air-mitigating-the-impact-of-dairies-on-fresno-countys-air-quality-and-public-health

[8] “Place Matters for Health in the San Joaquin Valley: Ensuring Opportunities for Good Health for All” Joint Center for Political and Economic Studies San Joaquin Valley Place Matters Team, March 2012 https://www.fresnostate.edu/chhs/cvhpi/documents/cvhpi-jointcenter-sanjoaquin.pdf (9/13/17)

[9] Asthma Capitals 2015: “The Most Challenging Places to Live with Asthma.” Asthma and Allergy Foundation of America. http://www.aafa.org/media/Asthma-Capitals-Report-2015-Rankings.pdf (2/28/17)

[10] Marsa, Linda, “California’s Air Pollution Causes Asthma, Allergies and Premature Births.” Discover Magazine, June 7, 2013. http://discovermagazine.com/2013/julyaug/19-californias-air-pollution-causes-asthma-allergies-and-premature-births (3.31.17)

[11] Marlene Bengiamin, Ph.D., John Amson Capitman, Ph.D., Xi Chang, “Healthy People 2010: A 2007 Profile of Health Status in the San Joaquin Valley.” Central Valley Healthy Policy Institute, California State University, Fresno, 2008. http://www.fresnostate.edu/chhs/ccchhs/documents/healthy-people-2010-2007-profile.pdf (3/31/17)

[12] Matalon, Eyal, “San Joaquin Valley residents express their concern over drinking water contamination.” El Tecolote, June 30, 2010  http://eltecolote.org/content/2010/06/san-joaquin-valley-residents-express-their-concern-over-drinking-water-contamination/ (3/31/17)

 

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