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Desiertos alimentarios

Los desiertos alimentarios se pueden describir como aquellas áreas geográficas en las que sus habitantes tienen poca o ninguna disponibilidad de opciones alimentarias asequibles y saludables (especialmente frutas y verduras frescas) debido a la ausencia de tiendas de abarrotes a una distancia de viaje conveniente. Por ejemplo, según un informe dirigido al Congreso de los Estados Unidos por el Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, cerca de 2.3 millones de personas (un 2.2 por ciento del total de hogares de los Estados Unidos) viven a más de una milla (1.6 km) de un supermercado y no tienen automóvil propio.[1] El transporte público con el que cuentan los habitantes de las zonas urbanas les puede ayudar a paliar las dificultades que imponen las distancias, sin embargo, en años recientes, distintas fuerzas económicas han empujado a las tiendas de abarrotes fuera de muchas ciudades, volviéndolas tan escazas y tan distantes entre sí que muchas personas se ven obligadas a tomar varios autobuses o trenes para poder hacer sus compras. El transporte público en las zonas suburbanas o rurales es muy limitado o inexistente, y los supermercados a menudo se encuentran a largas distancias de los hogares de la gente.

desert_content1El otro aspecto que define a los desiertos alimentarios reviste un carácter socioeconómico: Lo más común es encontrarlos en las comunidades de minorías y zonas de bajos ingresos (donde muchas personas no poseen vehículos). En estudios realizados se ha encontrado que en los distritos más ricos se encuentran hasta tres veces más supermercados que en los más pobres,[2] que en los vecindarios blancos hay en promedio cuatro veces más supermercados que en los vecindarios predominantemente negros y que las tiendas de abarrotes de las comunidades afroamericanas son por lo general más pequeñas y ofrecen menos variedad de productos.[3] Las opciones alimentarias disponibles y el poder adquisitivo son dos factores que restringen notablemente el tipo de alimentos que las personas deciden consumir. En muchos desiertos alimentarios sobreabundan las cadenas de restaurantes de comida rápida que venden carne barata y alimentos a base de productos lácteos ricos en grasa, azúcar y sal. Los alimentos procesados (pastelillos, papas tostadas y sodas) que normalmente se venden en las cafeterías de la esquina, los minimercados y las licorerías por lo general son tan poco saludables como los anteriores.

El informe de Food Empowerment Project titulado, “Una luz en el valle de los deleites (PDF),” mostró que las comunidades ubicadas en los desiertos alimentarios pueden pasar totalmente desapercibidas si se utilizan datos generados por el gobierno de los Estados Unidos. Encontramos que “Parte del problema es la forma como el Sistema de Clasificación de la Industria Norteamericana del gobierno de los Estados Unidos (NAICS, por sus siglas en inglés, es la norma utilizada por las agencias federales de estadísticas al clasificar a los establecimientos comerciales) clasifica a los comercios que venden alimentos. Según el código aplicado por el NAICS, las pequeñas tiendas de abarrotes se agrupan estadísticamente en la misma categoría que supermercados como Safeway, Whole Foods y otros similares. Es decir, en el caso de una comunidad que no cuenta con un supermercado pero sí dispone de dos tiendas de abarrotes que expenden licor y alimentos, se considera que tal comunidad tiene dos tiendas minoristas de alimentos sin considerarse que tal vez la oferta de esos alimentos sea muy limitada y esté constituida principalmente por ‘comida chatarra’”.

desert_content2Además de lo anterior, también encontramos que muchos de los minimercados que ofrecían productos como racimos de bananos o unas pocas manzanas, vendían la fruta por pieza. Debido a que estos artículos no tienen un precio marcado, los consumidores a menudo quedan a merced del vendedor, quien decide arbitrariamente el precio a pagar. Es posible que los consumidores que no entienden bien el inglés nunca pregunten el precio del artículo.

Para las personas que viven en los desiertos alimentarios puede resultar difícil encontrar alimentos tradicionales de su cultura. Las restricciones dietéticas, tales como la intolerancia a la lactosa, la alergia al gluten y otros alimentos, también limitan las opciones de que disponen las personas sin acceso a supermercados más grandes con mayor variedad de productos. En algunos estudios se ha encontrado también que los residentes de zonas urbanas que hacen sus compras en las pequeñas tiendas de vecindario, pagan entre tres y 37 por ciento más que los residentes de zonas suburbanas que compran en los supermercados.[4]

Los alimentos saludables son por lo general más caros que los que no lo son, especialmente en los desiertos alimentarios. Por ejemplo, mientras que, en general, el precio de las frutas y las verduras aumentó cerca de un 75 por ciento en los Estados Unidos entre 1989 y 2005, el precio de las comidas grasosas decreció en más de un 26 por ciento en el mismo periodo.[5] Si bien esta inflación ha hecho que muchas familias restrinjan su presupuesto para alimentos al margen de su situación financiera particular, el mayor costo de los alimentos saludables con frecuencia los coloca totalmente muy lejos de lo que muchas familias de bajos ingresos pueden pagar.

A pesar de que consumir alimentos poco saludables puede resultar más barato en el corto plazo, las consecuencias que a largo plazo produce un acceso limitado a los alimentos saludables es una de las principales razones por las cuales las poblaciones de minorías étnicas y de bajos ingresos presentan mayores índices estadísticos de obesidad, diabetes tipo 2enfermedad cardiovascular , y otras dolencias asociadas con la dieta en relación con la población general.[6]

Independientemente de la edad, la obesidad conlleva un mayor riesgo de padecer trastornos de la salud serios e incluso fatales (especialmente enfermedad coronaria y diabetes,[7] la primera y segunda causas de muerte en los Estados Unidos, respectivamente).[8]

La incidencia de diabetes entre adultos en los Estados Unidos se ha duplicado entre 1996 y 2007, y la diabetes “tipo 2″ (una variante de la enfermedad que a menudo es causada por la obesidad) [9] tal vez represente entre el 90 y el 95 por ciento de esos casos.[10] Hasta hace tan solo veinte años, la diabetes tipo 2 era una enfermedad prácticamente desconocida entre las personas menores de 40, pero su incidencia entre los adolescentes se ha multiplicado por diez en la última década (lo que refleja la creciente tasa de obesidad en este grupo etario).[11] A pesar de que en años recientes la incidencia de la diabetes tipo 2 ha aumentado en todos los grupos demográficos, los mayores incrementos se observan entre las personas de grupos minoritarios. La mayor tasa de aumento se ha observado entre los indígenas norteamericanos jóvenes[12] y entre todos los grupos etarios de afroamericanos y latinos, quienes sufren índices de diabetes tipo 2 desproporcionadamente elevados en comparación con la población blanca.[13] Estos mismos grupos son los que presentan una mayor probabilidad de vivir en los desiertos alimentarios. Los investigadores han determinado una correlación muy robusta entre la inseguridad alimentaria y mayores tasas de diabetes. En un estudio realizado en vecindarios de Chicago se encontró que la tasa de mortalidad por diabetes en los desiertos alimentarios era el doble de la observada en zonas que disponían de tiendas de abarrotes.[14] En otro estudio realizado en California se encontró que los adultos mayores de 50 años en las comunidades de minorías presentaban el doble de la tasa de diabetes observada en el mismo grupo etario entre personas blancas. Los investigadores enfatizaron que, antes que nada, tal discrepancia se explica en el hecho de que los alimentos de alto contenido calórico que tan fácilmente se encuentran en los desiertos alimentarios ponen a sus habitantes en mayor riesgo de padecer de diabetes, y que la dificultad que estos tienen para adquirir alimentos saludables, también les hace más difícil controlar esta enfermedad una vez que ya les ha sido diagnosticada.[15]

La enfermedad cardiaca provoca más de 2.4 millones de muertes en los Estados Unidos anualmente.[16] Una de las principales causas de la enfermedad cardiovascular es una dieta con alto contenido de grasas no saludables y lipoproteínas (colesterol) de baja densidad (LDL, por sus siglas en inglés)[17]; lo que caracteriza a los alimentos encontrados en los desiertos alimentarios. Así como los afroamericanos tienen una probablilidad estadística más grande que otras poblaciones de vivir en un área de desiertos de comida, las enfermedades al corazón también matan mas gente negra que blanca todos los años [18] (esto a pesar que la gente blanca es mas del 80 por ciento de la población de los EE.UU., los negros son un poco más del 13 por ciento.[19] Los niños y los adolescentes que viven en los desiertos alimentarios no escapan de sufrir un riesgo mayor de padecer de enfermedad cardiovascular (tanto en el presente como al alcanzar la edad adulta) debido a la mayor prevalencia de obesidad en esas comunidades.[20]

Alimentos para el pensamiento

Existe cada vez más conciencia entre el público de los enormes problemas causados por los desiertos alimentarios, lo que en gran medida se debe al esfuerzo de activistas comunitarios, emprendedores y funcionarios gubernamentales que están comprometidos con la causa de ampliar las opciones de alimentos saludables que las personas pueden adquirir. A nivel nacional, Michelle Obama, la primera dama, ha liderado la campaña “Let’s Move [Movámonos] orientada a combatir la obesidad infantil, y entre cuyos objetivos se encuentra el de erradicar los desiertos alimentarios para 2017 mediante una inversión gubernamental de $400 millones que ofrece incentivos fiscales a aquellos supermercados que se instalen en los desiertos alimentarios.[21] En muchas zonas urbanas también se están poniendo en práctica iniciativas locales para enfrentar el problema de los desiertos alimentarios.

Chicago – Más de 500,000 habitantes (en su mayoría afroamericanos) viven en desiertos alimentarios, y otro 400,000 viven en vecindarios en los que predominan los restaurantes de comidas rápidas y en cuya vecindad no hay tiendas de abarrotes.[22] En un intento de saldar esa brecha, algunos activistas del movimiento por la justicia alimentaria han abierto cooperativas de alimentos en zonas marginadas en las que, históricamente, los supermercados no han logrado establecerse. Además de vender frutas y verduras orgánicas frescas, granos y frijoles a granel y sustitutos de la carne a base de soya, algunas de estas tiendas (como Fresh Family Foods en el sector sur de la ciudad) también ofrecen clases de cocina y nutrición para educar al público sobre cómo elegir opciones de alimentos saludables.[23]

Los Ángeles – En 2008, el Concejo Municipal de Los Ángeles votó a favor de establecer una moratoria a la apertura de nuevos locales de comidas rápidas en un área de 32 millas cuadras (83 km cuadrados) que abarca algunos de los desiertos alimentarios más áridos en el sur de Los Ángeles; un área en la que el 97 por ciento de la población está compuesta por latinos, afroamericanos o personas de raza mixta.[24] La menor presencia de restaurantes de comida rápida creó una mayor demanda por más y mejores opciones alimentarias, lo que motivó a los concejales a aprobar otra medida que ofrecía incentivos financieros a las tiendas de abarrotes y restaurantes tradicionales que abrieran locales en comunidades marginadas.[25] Hasta el momento, estas políticas han logrado que un supermercado nuevo se estableciera en el sur de Los Ángeles por primer vez después de casi una década.[26]

New York City – Se calcula que 750,00 habitantes de la ciudad de Nueva York viven en desiertos alimentarios,[27] en tanto que cerca de tres millones de personas viven en lugares en los que hay que hay pocas tiendas que vendan verduras frescas o estas se encuentran muy lejos.[28] En años recientes, muchos supermercados de la ciudad de Nueva York han cerrado sus puertas debido al aumento del costo de alquiler del local y a la reducción del margen de ganancias. La desaparición de estas tiendas de abarrotes urbanas ha afectado más seriamente a las comunidades de bajos ingresos, especialmente a aquellas con una población predominantemente afroamericana (como East/Central Harlem y North/Central Brooklyn).[29] Para llenar este vacío, la ciudad creó el programa Carritos Verdes (Green Carts), el cual, desde 2008, ha ofrecido frutas y verduras frescas a precios asequibles en las zonas marginadas a la vez que ha dotado de empleo a los vendedores. Cientos de Carritos Verdes recorren las calles de los desiertos alimentarios, y su número aumenta rápidamente conforme los aspirantes a vendedores se capacitan y la ciudad les otorga licencias y permisos.[30]

¿Cuáles son mis opciones si vivo en un desierto alimentario?

Si usted se da cuenta de que vive en un desierto alimentario, lo primero que puede hacer es ayudarle a su comunidad a entender lo que esto significa y a iniciar una conversación sobre cómo cambiar la situación. Discutir distintas opciones, tales como cultivar sus propios alimentos, colaborar con comerciantes localespara que vendan comida saludable, vegana, etc., representa un buen comienzo. También es importante que comunique sus ideas y preocupaciones a los legisladores: los concejales, legisladores estatales y otros.

También puede ponerse en contacto con otras personas que han trabajado en este tema y aprender de su experiencia.

Si usted está interesado en utilizar la encuesta que nos sirvió de base para preparar nuestro informe, “Una luz en el valle de los deleites  (PDF),” comuníquese con Food Empowerment Project.

Referencias: 

[1] “Access to Affordable and Nutritious Food: Measuring and Understanding Food Deserts and Their Consequences.” United States Department of Agriculture Economic Research Service. 2009. Retrieved 8/25/17 from https://www.ers.usda.gov/webdocs/publications/42711/12716_ap036_1_.pdf?v=41055

[2] Walsh, Bryan. “It’s Not Just Genetics.” Time. June 12, 2008.http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,1813984,00.html (3/05/11)

[3] Morland, K., Wing, S., et al. “Neighborhood characteristics associated with the location of food stores and food service places.” American Journal of Preventive Medicine. January 2002, vol. 22(1): p. 23-29. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11777675 (3/05/11)

[4] Bullard, Robert D. (editor). Growing Smarter: Achieving Livable Communities, Environmental Justice, and Regional Equity. The MIT Press. 2007. p. 173. ttp://books.google.com/books?id=NAcmSchlTOYC&pg=PA173&lpg=PA173&dq=It+has+been+shown+that+… (3/05/11)

[5] Walsh, Bryan. “It’s Not Just Genetics.” Time. June 12, 2008.http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,1813984,00.html (3/05/11)

[6] Gallagher, Mari. “Examining the Impact of Food Deserts on Public Health in Chicago.” Study commissioned by LaSalle Bank. 2006. http://www.marigallagher.com/wp-content/plugins/download-attachments/includes/download.php?id=3777 (8/21/17)

[7] “NHANES data on the Prevalence of Overweight Among Children and Adolescents: United States, 2003–2006.” CDC National Center for Health Statistics. 2010.http://www.cdc.gov/nchs/data/hestat/obesity_child_09_10/obesity_child_09_10.htm (3/05/11)

[8] “Deaths and Mortality.” Centers for Disease Control and Prevention. 2011.http://www.cdc.gov/nchs/fastats/deaths.htm (3/05/11)

[9] “Type 2 diabetes: Causes.” Mayo Clinic. 2011. http://www.mayoclinic.com/health/type-2-diabetes/DS00585/DSECTION=causes (3/05/11)

[10] “National Diabetes Fact Sheet, 2011.” Centers for Disease Control and Prevention. 2011http://www.cdc.gov/diabetes/pubs/pdf/ndfs_2011.pdf (5/10/11)

[11] “Children and Diabetes—More Information.” Centers for Disease Control and Prevention.
http://www.cdc.gov/diabetes/projects/cda2.htm (4/12/13)

[12] “Children and Diabetes.” Centers for Disease Control and Prevention. 2010.http://www.cdc.gov/diabetes/projects/cda2.htm (3/05/11)

[13] “Diabetes Basics.” American Diabetes Association. http://www.diabetes.org/diabetes-basics/type-2/ (3/05/11)

[14] Curry, Andrew. “Bringing Healthy Fare to Big-City ‘Food Deserts.'” Diabetes Forecast. December 2009. http://forecast.diabetes.org/magazine/your-ada/bringing-healthy-fare-big-city-food-deserts (4/17/11)

[15] “The Inextricable Connection Between Food Insecurity and Diabetes.” California Pan-Ethnic Health Network. May 2010. https://cpehn.org/sites/default/files/resource_files/diabetesbrief2010.pdf (9/5/17)

[16] “Deaths and Mortality.” Centers for Disease Control and Prevention. 2011.http://www.cdc.gov/nchs/fastats/deaths.htm (3/05/11)

[17] “The Truth About Fats: The Good, the Bad, and the In-Between.” Harvard Health Publications. 2015. Retrieved from https://www.health.harvard.edu/staying-healthy/the-truth-about-fats-bad-and-good (9/5/17)

[18] “Heart Disease and African Americans.” The Office of Minority Heatlh. 2010.http://minorityhealth.hhs.gov/templates/content.aspx?lvl=3&lvlID=6&ID=3018 (3/05/11)

[19] “QuickFacts: Population Estimates.” U.S. Census Bureau. July 1, 2016. https://www.census.gov/quickfacts/fact/table/US#viewtop (8/21/17)

[20] “Childhood Obesity.” Centers for Disease Control and Prevention. 2008.http://www.cdc.gov/healthyyouth/obesity/ (3/05/11)

[21] “You All Took a Stand.” White House Blog. February 20, 2010.http://www.whitehouse.gov/blog/2010/02/19/you-all-took-a-stand (4/02/11)

[22] Gallagher, Mari. “Examining the Impact of Food Deserts on Public Health in Chicago.” Study commissioned by LaSalle Bank. 2006. http://www.marigallagher.com/wp-content/plugins/download-attachments/includes/download.php?id=3777 (8/21/17)

[23] Ogburn, Stephanie. “Would a Walmart solve West Oakland’s and Nashville’s food problems?” Grist. 5 Oct 2010 http://www.grist.org/article/food-2010-10-05-would-a-walmart-solve-oaklands-and-nashvilles-food-problems/PALL/print (4/02/11)

[24] “Neighborhoods of the City of Los Angeles Population & Race 2010 Census.” Los Angeles Almanac. 2010. http://www.laalmanac.com/population/po24la.htm (4/17/11)

[25] Severson, Kim. “Los Angeles Stages a Fast Food Intervention.” The New York Times. August 12, 2008 http://www.nytimes.com/2008/08/13/dining/13calo.html?scp=16&sq=food%20deserts&st=cse (4/02/11)

[26] Medina, Jennifer. “In South Los Angeles, New Fast-Food Spots Get a ‘No, Thanks.'” The New York Times. January 15, 2011. http://www.nytimes.com/2011/01/16/us/16fastfood.html?_r=1(4/02/11)

[27] “Fresh Food for Urban Deserts.” The New York Times. March 20, 2009http://www.nytimes.com/2009/03/21/opinion/21sat4.html?scp=3&sq=food%20deserts&st=cse (4/02/11)

[28] “Going to Market: New York City’s Neighborhood Grocery Store and Supermarket Shortage.” New York City Department of City Planning. 2008. http://www.nyc.gov/html/misc/pdf/going_to_market.pdf (8/21/17)

[29] Gordon, C., Purciel-Hill, M., et al. “Measuring food deserts in New York City’s low-income neighborhoods.” Health Place. March 2011. Vol. 17(2), pages 696-700.http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21256070 (4/17/11)

[30] McMahon, Jeff. “New York rolls veggie carts into food deserts; can other cities follow?” The New York Times. March 11, 2010. http://jeffmcmahon.com/2010/new-york-green-cart-chicago-farm-fork-financing/ (8/21/17)

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