Las comidas rápidas

La industria de las comidas rápidas en los Estados Unidos ha pasado de generar $6 mil millones al año en 1970[1] a convertirse en un gigantesco negocio que rinde más de $170 mil millones en ganancias al año. [2]  El aumento exponencial en el consumo de comidas rápidas ha derivado en una amplia variedad de efectos negativos sobre la sociedad, tales como un incremento acelerado de la tasa de enfermedades cardiacas relacionadas con la dieta, la explotación de los trabajadores, el abuso sistemático de los animales y la degradación ambiental. Esto es así en especial porque los principales ingredientes de este tipo de comidas son la carne, los productos lácteos y los huevos.

fastfood_content2La influencia económica de la industria de las comidas rápidas no solo ha posibilitado un giro radical en los patrones alimentarios del país, sino que ha cambiado fundamentalmente la manera como se producen los alimentos. El enorme poder de compra de esta industria y la demanda de enormes cantidades de productos de origen animal baratos se encuentran entre las principales fuerzas que impulsan la cría intensiva de animales, junto con los gigantescos subsidios gubernamentales a cultivos como el maíz y la soya, básicos para la alimentación de los animales y el fundamento sobre el que se sostiene esta industria.[3] Gigantes multinacionales como McDonald’s, Burger King y KFC pueden obtener enormes ganancias con la venta de comidas rápidas a precios reducidos artificialmente gracias a la excesiva influencia económica que ejercen.

Y mientras estas compañías recogen ganancias, los verdaderos costos recaen sobre la salud pública, los trabajadores de comidas rápidas, el bienestar animal y el ambiente; aunque estos quedan ocultos bajo la sombra de las habilidosas campañas publicitarias multimillonarias lanzadas por esta industria.

Las comidas rápidas y las enfermedades relacionadas con la dieta 

A través de una gran cantidad de estudios científicos arbitrados se ha establecido de forma concluyente que existe una correlación entre el consumo de carne y otros productos de origen animal, y muchos de los trastornos médicos más mortíferos que agobian a la humanidad hoy en día, como son la enfermedad cardiovascular, el cáncer, la diabetes y la obesidad.  La tasa global de obesidad en los Estados Unidos se ha más que duplicado desde 1980, y en la actualidad más de dos tercios de los adultos y cerca de un quinto de todos niños sufren de sobrepeso u obesidad. [4]  Tanto los investigadores en nutrición como las instituciones de salud pública señalan a las comidas rápidas como uno de los principales factores que contribuyen a la epidemia de obesidad, principalmente por su alto contenido de azúcar, grasa y calorías (y un bajo valor nutritivo en general).[5]

fastfood_content1Los niños que consumen comidas rápidas (ya sea de forma regular o en ciertos días) ingieren más calorías, en general, que aquellos que no las consumen, ya que estas “calorías vacías” bajas en fibra hacen que las personas sientan más hambre posteriormente.  En un estudio se encontró que los niños que consumen comidas rápidas ingieren en  promedio 15 por ciento más calorías que aquellos que no las consumen, y acumulan cerca de seis libras (2.7 kg) extra al año si no logran quemar esas caloría en exceso mediante el ejercicio. Las comidas rápidas constituyeron también el alimento principal para un 29 a 38 por ciento de los sujetos de investigación elegidos al azar para participar en este estudio, y en general, dichas comidas sustituyeron a otras opciones alimentarias más saludables en sus dietas, como las frutas y las verduras.[6]

Las compañías de comidas rápidas llevan a cabo campañas publicitarias dirigidas específicamente a los niños con el intento deliberado de incitarlos a consumir sus productos. Estas campañas incluyen comerciales de televisión que ofrecen una “Cajita Feliz” con juguetes relacionados a ciertas películas para los niños más pequeños y promociones de teléfonos inteligentes y juegos en línea dirigidas a los adolescentes. [7][8] Al considerar que en la actualidad las compañías de comidas rápidas se gastan en conjunto más de $4 mil millones al año en publicidad [9] (y al menos $1.5 mil millones de esa cantidad se destinan a la publicidad enfocada en los niños), [10] no resulta sorprendente que en 2009 los niños entre seis y once años de edad estuvieran expuestos a un 59, a un 26 y a un 10 por ciento más de comerciales de Subway, McDonald’s y Burger King, respectivamente, de lo que lo estuvieron en 2007. [11] En otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Yale se encontró que estas compañías incluso dirigen su publicidad a los consumidores más jóvenes según su origen étnico, y que los afroamericanos están expuestos a por lo menos un 50 por ciento más de publicidad de comidas rápidas que los niños y adolescentes blancos. [12]

Las comidas rápidas y el ambiente “obesogénico” 

La investigación demuestra que, especialmente en zonas de bajos ingresos y en las comunidades de minorías étnicas, las franquicias de comidas rápidas tienden a concentrarse en torno a los centros escolares, [13] con lo que intentan llevar sus productos aún más cerca de la población joven.  Lo anterior contribuye a crear un “ambiente obesogénico” [14] en el que la cercanía de las comidas rápidas (a menudo a costa del acceso a opciones más saludables) aumenta el consumo de estos productos y, paralelamente, la talla de los jóvenes. [15]

En las zonas de bajos ingresos y en las comunidades de minorías étnicas también se observa, por lo general, un patrón similar de concentración de locales de comidas rápidas, mientras que, al mismo tiempo, la cantidad de supermercados es un 30 por ciento menor, en promedio, que en las regiones de ingresos medios y altos, [16] lo cual concuerda con los resultados expuestos en el informe de Food Empowerment Project, “Brillando una luz sobre el Valle de las Delicias del Corazón“. La alta densidad de locales de comidas rápidas (así como de licorerías y tiendas de conveniencia) en estos vecindarios y su oferta de comidas baratas de alto contenido calórico a menudo saca del mercado a los supermercados, a las tiendas de abarrotes y a las ferias del agricultor que ofrecen opciones dietéticas saludables aunque a menudo más caras.[17] Una consecuencia de lo anterior es la proliferación de los “desiertos alimentarios” en los que los residentes encuentran pocas verduras frescas, granos integrales y alimentos no procesados, o no los encuentran del todo.

Los afroamericanos, los latinos y otras personas de minorías étnicas, quienes con más probabilidad viven en estos desiertos alimentarios, sufren de forma desproporcionada mayores tasas de obesidad (y, por lo tanto, de otros trastornos relacionados con la dieta) en comparación con los blancos; y las comidas rápidas son uno de los principales responsables de esta diferencia. Quienes viven en los desiertos alimentario por lo general tienen a su disposición gran cantidad de restaurantes de comidas rápidas a los que pueden ir caminando desde sus hogares. Sin embargo, el supermercado o la tienda de abarrotes más cercanos podrían encontrarse a una gran distancia, y muchas de estas personas son de bajos ingresos y no cuentan con los medios de transporte privado para desplazarse hasta allá, y deben tomar dos trabajos para poder llegar a fin de mes. Por lo tanto, les resulta por lo general más rápido, más fácil y más barato alimentar a sus familias con comidas rápidas que irse de comprar y preparar sus propios alimentos en casa. Pese a lo anterior, la dependencia en las comidas rápidas como fuente principal de sustento alimentario (especialmente cuando se hace por largos periodos de tiempo) redunda en una pobre nutrición que causa un aumento de peso y otros problemas físicos que ponen en peligro la salud.

El impacto de las comidas rápidas sobre los trabajadores, los animales y el ambiente 

Además de dañar la salud humana, la industria de las comidas rápidas también tiene un efecto perjudicial sobre:

  • Los trabajadores: El número de trabajadores en la industria de las comidas rápidas en los Estados Unidos es de 3.5 millones en cualquier momento que se mida. Trabajan por lo general por un salario mínimo, sin seguro médico o el derecho a sindicalizarse, por lo que la plantilla se renueva constantemente. Y aunque el trabajo en la industria agropecuaria se considera entre los más peligrosos en los Estados Unidos, quienes laboran en la industria de las comidas rápidas también sufren una de las mayores tasas de lesiones de todo el sector laboral, y ostentan una mayor probabilidad estadística de ser asesinados en el lugar de trabajo que los oficiales de policía.[19]
  • Los animales: Debido a que las compañías de comidas rápidas compran a los finqueros cantidades tan enormes de carne, productos lácteos y huevos, son capaces de ejercer una inmensa influencia sobre la manera como se crían los animales destinados a servir de alimento.[20] Para poder abastecer los enormes volúmenes de productos de origen animal que la industria de las comidas rápidas demanda y hacerlo al menor costo posible, las granjas de cría intensiva hacinan a los animales con el fin de maximizar el espacio (y a menudo los confinan en jaulas o encierros), los atiborran de antibióticos no terapéuticos y de hormonas de crecimiento artificiales, les amputan partes de sus cuerpos para evitar que se causen daños inusuales inducidos por el estrés, y finalmente los matan a velocidades vertiginosas en líneas de despiece mecanizadas (a menudos mientras los animales están aún conscientes). Las reses, los pollos y los cerdos que se crían para servir de alimento soportan una vida entera de dolor y sufrimiento en las granjas de cría intensiva, en las que se los trata como unidades de producción intercambiables.
  • El ambiente: De acuerdo con un informe histórico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el sector pecuario (y la cría intensiva de animales en particular) “ocupa el segundo o tercer lugar entre las factores que contribuyen más significativamente a los problemas ambientales más graves que aquejan al mundo actualmente; tanto a una escala local como global”.[21] Mientras tanto, las compañías de comidas rápidas lucran conjuntamente de la cría intensiva de animales tal vez más que cualquier otro sector empresarial o industrial. Adicionalmente, millones de hectáreas de bosque son taladas cada año para la producción de empaques para comida rápida, lo que constituye un gran porcentaje de la basura encontrada en las carreteras de los Estados Unidos.[22] Y encima de eso, con el fin de contener mejor la grasa, muchas compañías de comidas rápidas recubren el papel de los empaques con perfluoroalquilos; unos compuestos tóxicos que dañan al ambiente [23] y a la salud humana. [24]

Alimentos para el pensamiento 

Queda claro que a las grandes compañías de comidas rápidas no les importa nadie; ni los trabajadores, ni los animales, ni el ambiente, ni, por supuesto, la salud de las personas. Lo único que les interesa es lucrar. Nos gustaría pedirle a la gente que no compren sus alimentos a estos gigantes de las comidas rápidas, pero sabemos que esto no siempre es posible. Pero incluso cuando no exista la posibilidad de elegir otra cosa, si nos aseguramos de pedir una opción vegana  podremos aún marcar una diferencia.

Referencias: 

[1] Schlosser, Eric. Fast Food Nation: The Dark Side of the All-American Meal. Houghton Mifflin: 2001. p. 3.  http://books.google.com/books?hl=en….v=onepage&q&f=false (7/4/11)

[2] Bernstein, Sharon. “Fast-food industry is quietly defeating Happy Meal bans.” Los Angeles Times. May 18, 2011 http://www.latimes.com/business/la-fi-happy-meal-backlash-20110518,0,7236630.story (7/4/11)

[3] Hyman, Mark. “Why Quick, Cheap Food Is Actually More Expensive.” Huffington Post. August 14, 2010. http://www.huffingtonpost.com/dr-mark-hyman/why-quick-cheap-food-is-a_b_681539.html?view=print (7/4/11)

[4] “Childhood Obesity.” Centers For Disease Control and Prevention. 2008. http://www.cdc.gov/healthyyouth/obesity/ (7/4/11)

[5] “Research Review: Effects of Eating Out on Nutrition and Body Weight.” Center for Science in the Public Interest. 2008. http://www.cspinet.org/new/pdf/lit_rev-eating_out_and_obesity.pdf (7/8/11)

[6] Davis, Jeanie Lerche. “Fast Food Creates Fat Kids: Kids Can Gain 6 Pounds a Year From Fast Food.” Web MD Health News. January 5, 2004. http://www.webmd.com/parenting/news/20040105/fast-food-creates-fat-kids (7/4/11)

[7] Barboza, David. “Fast Food Industry Zeroes In On Children.” International Herald Tribune. August 5, 2003. http://www.rense.com/general39/fast.htm (2/26/17)

[8] Khamsi, Roxanne. “Fast food branding makes children prefer happy meals.” New Scientist. August 6, 2007.  http://www.newscientist.com/article/dn12431-fast-food-branding-makes-children-prefer-happy-meals.html (7/4/11)

[9] Tracy, Ben. “Fast Food Restaurants Not Fighting Child Obesity.” CBS News. November 9, 2010 http://www.cbsnews.com/stories/2010/11/08/eveningnews/main7035550.shtml (7/4/11)

[10] Smith, Stephen. “Food, fun — and fat: The battle to shrink the waistlines of America’s children focuses increasingly on how food is marketed, including the use if toys as lures.” The Boston Globe. July 19, 2010. http://www.boston.com/lifestyle/articles/2010/07/19/war_on_obesity_targets_food_marketing/?page=full (7/4/11)

[11] Melnick, Meredith. “Study: Fast-Food Ads Target Kids with Unhealthy Food, and It Works.” Time. Monday, November 8, 2010. http://healthland.time.com/2010/11/08/study-fast-food-ads-target-kids-with-unhealthy-food-and-it-works/ (7/4/11)

[12] Brownell, Kelly. “Are Children Prey for Fast Food Companies?” The Atlantic. November 8, 2010. http://www.theatlantic.com/life/archive/2010/11/are-children-prey-for-fast-food-companies/66237/(7/4/11)

[13] Tester, June. “The Community Food Environment Around Low-Income Children.” Children’s Hospital and Research Center Oakland. http://www.clocc.net/wp-content/uploads/Tester91609.pdf (8/21/17)

[14] Block, Jason P., et al. “Fast Food, Race/Ethnicity, and Income: A Geographic Analysis.” American Journal of Preventive Medicine. 2004: v27(3), p. 0749-3797. http://www.eatbettermovemore.org/…Fast_Food_RaceEthnicityand_Income.pdf (7/4/11)

[15] Davis, Brennan and Carpenter, Christopher. “Proximity of Fast-Food Restaurants to Schools and Adolescent Obesity.” American Journal of Public Health. March 2009, v99(3), p. 505-510. http://ajph.aphapublications.org/cgi/content/full/99/3/505 (7/4/11)

[16] Tester, June. “The Community Food Environment Around Low-Income Children.” Children’s Hospital and Research Center Oakland. http://www.clocc.net/wp-content/uploads/Tester91609.pdf (8/21/17)

[17] Severson, Kim. “Los Angeles Stages a Fast Food Intervention.” Los Angeles Times. August 13, 2008. http://www.nytimes.com/2008/08/13/dining/13calo.html?scp=16&sq=food%20deserts&st=cse (7/4/11)

[18] Block, Jason P., et al. “Fast Food, Race/Ethnicity, and Income: A Geographic Analysis.” American Journal of Preventive Medicine. 2004: v27(3), p. 0749-3797. http://www.eatbettermovemore.org/…Fast_Food_RaceEthnicityand_Income.pdf (7/4/11)

[19] Mason, Caleb. “The Fast Food Jungle.” In These Times. April 30, 2001. http://www.inthesetimes.com/issue/25/11/mason2511.html (7/4/11)

[20] Mason, Caleb. “The Fast Food Jungle.” In These Times. April 30, 2001. http://www.inthesetimes.com/issue/25/11/mason2511.html (7/4/11)

[21] “Livestock’s Long Shadow: Environmental Issues and Options.” The United Nations: Food and Agriculture Organization. 2006. http://www.fao.org/docrep/010/a0701e/a0701e00.htm (7/4/11)

[22] “Litter in America, Key Findings: Sources of Litter.” Keep America Beautiful. 2009. https://www.kab.org/sites/default/files/News%26Info_Research_LitterinAmerica_FactSheet_SourcesofLitter.pdf (2/26/17)

[23] “Public Health Statement for Perfluoroalkyls.” Agency for Toxic Substances & Disease Registry. May 2009. http://www.atsdr.cdc.gov/phs/phs.asp?id=1115&tid=237#bookmark02 (7/4/11)

[24] Hawthorne, Michael. “Potentially dangerous chemicals found in fast-food wrappers, researchers say.” Chicago Tribune. February 1, 2017. http://www.chicagotribune.com/lifestyles/health/ct-fast-food-chemicals-in-packaging-20170201-story.html (2/26/17)

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